Si no decidimos sobre IA, otros lo harán

Encontré en esto una forma de especular sobre el futuro de la IA en las instituciones, las empresas y la sociedad costarricense.

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En estos días he estado preparando material para un curso de pensamiento disruptivo que comienzo a impartir. Buscando material me encontré con el libro de Anthony Dunne y Fiona Raby, Speculative Everything (algo así como “Todo especulativo”). En él proponen pensar el futuro considerando lo probable, lo plausible, lo posible y lo preferible. Encontré en esto una forma de especular sobre el futuro de la IA en las instituciones, las empresas y la sociedad costarricense.

Así lo veo yo.

Ustedes probablemente ya han visto no decenas, sino cientos de artículos sobre IA, sus riesgos y los miedos que genera. Algunos hasta dicen que el mundo va a colapsar. Si bien toda tecnología produce “accidentes”, es decir, resultados que no se esperaban y que no son beneficiosos, reconocer esa posibilidad también debería llevarnos a pensar cómo queremos usarla y cómo prepararnos para sus consecuencias.

Muchas de estas discusiones nos colocan “desde afuera” del mundo de la IA, como si solo nos correspondiera esperar lo que sucederá. Pero vivimos en una sociedad que construye tecnología y se transforma con ella. Nosotros los humanos también somos diseñadores de nuestro futuro, no esclavos de él, mucho menos esclavos de la tecnología. Podemos intervenir en lo que hoy parece probable, explorar lo plausible y lo posible, y dirigirnos hacia un futuro que consideremos preferible.

Claro que no todos tenemos la misma capacidad de intervenir. Una empresa que desarrolla IA, un gobierno que decide cómo incorporarla y una persona que utiliza un asistente tienen recursos e influencia distintos. Por eso, pensar que podemos diseñar nuestro futuro también implica preguntarnos cómo ampliar la participación en esas decisiones.

Pensemos cómo se vería esto, como mecanismo de pensamiento disruptivo, en una institución pública, en una empresa y en la sociedad.

Probable. ¿Qué ocurrirá si seguimos incorporando IA como lo hacemos hoy? Se refiere a lo que cabe esperar si continúan las tendencias actuales de adopción. En una institución pública, los funcionarios utilizan asistentes de IA para redactar informes y responder consultas, conservando los procedimientos existentes. En una empresa, los departamentos incorporan IA para preparar propuestas comerciales, analizar ventas y producir contenido, manteniendo su estructura organizacional. En la sociedad, las personas usan asistentes de IA para buscar información, escribir mensajes y hacer tareas, y las redes sociales se llenan de contenido generado con IA, sin que cambien mucho nuestras costumbres.

Plausible. ¿Qué procesos podríamos reorganizar con IA y qué condiciones lo permitirían? Se refiere a futuros que podemos considerar creíbles a partir de lo que conocemos hoy, aunque no sean la continuación más probable de lo que estamos haciendo. En una institución pública, personas y agentes de IA podrían gestionar un trámite completo, desde recibir documentos hasta preparar una resolución para revisión humana. Esto requeriría conectar sistemas, adaptar procedimientos y definir responsabilidades. En una empresa, agentes conectados a sus sistemas podrían coordinar pedidos, inventarios y entregas, mientras las personas supervisan y resuelven excepciones. En la sociedad, las personas podrían delegar en agentes de IA tareas cotidianas como sacar citas, pagar servicios o comparar precios, si existen las conexiones y la confianza necesarias para hacerlo.

Posible. ¿Qué otras formas de organización podríamos imaginar con IA? Aquí ampliamos la exploración hacia futuros para los que todavía no tenemos todas las condiciones ni sabemos bien cómo llegar a ellos, pero que podemos explicar sin recurrir a la fantasía. Una institución pública podría organizar sus servicios alrededor de las necesidades ciudadanas mediante agentes que coordinen funciones hoy distribuidas entre varias dependencias. Una empresa podría operar con equipos temporales de personas y agentes, formados según cada proyecto, sustituyendo buena parte de sus departamentos permanentes. La sociedad podría organizar la educación y el trabajo alrededor del aprendizaje continuo con apoyo de IA, en lugar de una sola carrera estudiada al inicio de la vida. Estas posibilidades requieren imaginar cambios en nuestra manera de organizarnos, además de cambios tecnológicos.

Preferible. ¿Qué queremos lograr con IA, para quién y quién participa en decidirlo? Se refiere al futuro que consideramos deseable según nuestros valores y los efectos sobre las personas. Lo preferible puede estar dentro de lo probable, lo plausible o lo posible. Un futuro puede parecernos muy probable y, aun así, no ser el que queremos. Una institución pública podría utilizar IA para ampliar el acceso a sus servicios, reducir tiempos de espera y facilitar que la ciudadanía comprenda y cuestione las decisiones. Una empresa podría emplearla para reducir tareas rutinarias, mejorar la calidad del trabajo y distribuir los beneficios de productividad entre trabajadores, clientes y propietarios. La sociedad podría usarla para que más personas tengan acceso a educación, salud e información de calidad, sin perder la capacidad de pensar por cuenta propia, y decidir en conjunto qué usos aceptamos y cuáles no.

Pensar en lo preferible nos obliga a participar en esas decisiones y a reconocer que no todos queremos lo mismo. También nos lleva a preguntarnos qué queremos conservar y desarrollar en nosotros mientras incorporamos la IA. Si esperamos que contribuya a nuestra educación, nuestro trabajo y nuestra vida colectiva, necesitamos tener alguna idea de qué valoramos en esas actividades.

Para poder decidir sobre IA en nuestro país, no podemos pensarnos como externos a ella. Debemos aceptar que ya somos híbridos, una especie de cyborgs, y dejar de lado la pregunta de si algo se hizo con IA o sin IA. Esa pregunta, por sí sola, nos dice poco sobre el valor de lo que hacemos. Lo que nos atañe ahora es cómo divergimos con IA, cómo nos salimos del promedio y de lo que ahora llamamos AI slop, ese contenido genérico y repetitivo que también producíamos antes con PowerPoint, Word o cualquier otra herramienta.

Verán, la IA no nos saca del promedio. De hecho, nos puede hundir en él si no logramos entender lo que nos hace, como humanos, valiosos. De eso se trata crear un futuro preferible, de construir nosotros lo que somos, nuestra identidad como personas y comunidades, y decidir cómo incorporamos la IA en esa construcción. Desde ahí también podremos definir cuáles son nuestros miedos con la IA, qué consecuencias estamos dispuestos a aceptar y cómo nos preparamos para enfrentarlas.