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Por una oportuna y feliz coincidencia, los datos de la confiable encuesta CIEP- UCR coincidieran con el mes de la Patria y sus conclusiones definen un marco de fondo y de reflexión necesaria sobre las profundidades sorprendentes de la realidad nacional, más allá de la propaganda polarizante y la confrontación política permanente en la que vivimos.
Costa Rica atraviesa dos crisis:
La primera es acumulada y tiene que ver con temas prioritarios y estructurales acumulados y no resueltos, desde hace más de 20 años y por varios gobiernos. Unos bastante más responsables que otros.
Entre otros: la inseguridad nacional y ciudadana y la penetración de la criminalidad organizada y la narcoactividad, unida a la corrupción, en las estructuras políticas, económicas y sociales del país; la urgencia de una reforma funcional al Estado Costarricense; el nivel de la educación pública; la infraestructura de carreteras y la necesidad de soluciones alternativas al caos vial y la realidad portuaria; el desastre de Crucitas; la enorme deuda y reformas necesarias en la CCSS y , como tema fundamental: el crecimiento y desarrollo integral del país y la crisis fiscal del Estado que, objetiva y técnicamente, esta quebrado y endeudado como nunca antes en los años de la II República.
La segunda crisis, expresada por un 75% de los encuestados, se superpone a la primera y es una crisis de desconfianza y certeza política muy a la costarricense, frente a la confrontación y polarización política permanente en la que vivimos.
La encuesta revela tres realidades:
1.- La presidenta Laura Fernández, tiene un 64% de respaldo nacional que es alto y positivo; pero al mismo tiempo, los costarricenses le imponen varias líneas rojas en temas críticos que, de quebrarse en el ejercicio del gobierno, podrían modificar el escenario político nacional. No es un cheque en blanco.
2.- El punto más sorprendente de la encuesta es que, un 75% de los entrevistados, no se declaran chavistas y tampoco se declaran antichavistas, lo que deja solo en un 25% el número de fanáticos y exaltados, de uno y del otro lado. Tan es así que, de ese 25%, un 13% se declara entusiastamente chavista, mientras que un 12% se manifiesta radicalmente antichavista y seguidores de los partidos políticos de la oposición.
Hay un empate, mientras un enorme, desconfiado y mayoritario 75% de los costarricenses están “ojo al Cristo”, esperando se “aclaran los nublados del día”, valorando y midiendo el rumbo del país y no la propaganda política, esperando soluciones y resultados.
3.- Un enorme y crítico desenganche de todos los partidos políticos.
Pregunta: ¿Entenderán los políticos actuales y las cúpulas partidarias, ese fuerte mensaje del 75% de la ciudadanía? A juzgar por lo sucedido el 14 de setiembre en Cartago, pareciera todo lo contrario.
¿Y usted qué opina?