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No tiene una noción clara, no recuerda cuándo inició todo, pero sí tiene la seguridad de que siempre le gustó pintar. Hablamos de Roberto Cambronero Vindas, un artista oriundo de Heredia que a sus 79 años sigue con la energía como de un “carajillo de 15 años”, tal como el mismo lo señala. Para don Roberto el arte es su vida.
Menciona que desde que era estudiante escolar la maestra lo ponía a hacer ilustraciones delante de sus compañeros, debido a su talento natural para hacerlo, tanto así que nunca estudió en la universidad o algún centro especializado para explotar sus cualidades, por lo que es 100% autodidacta. No obstante, confiesa que hubo un profesor que se llamó Jose Manuel Lépiz, quien le enseñó los fundamentos del dibujo y la pintura.
“Él fue importante para mí, también me conectó con don Fausto Pacheco, yo lo vi pintar dos veces y pude recibir esa influencia que me permitió crecer artísticamente. Con respecto a mi arte, con el paso del tiempo decidí seguir una corriente enfocada en el paisaje típico, la casita de adobe, la montaña y toda aquella estampa de acento muy costarricense”, destacó.
MUY HUMANO
Hablando de su madurez artística adquirida con el paso de los años, don Roberto dice enfocarse ahora más en la figura humana, básicamente en el trabajador, el campesino, el adulto mayor y todo lo relacionado con el tema, pero desde un punto de vista costumbrista, ya que lo tico no pudo abandonar su mente.
“Me gusta mucho por ejemplo pintar sobre el trapiche, los boyeros, los agricultores y toda esa gente que me genera inspiración a la hora de tomar los pinceles. He pintado bastante sobre todo en la parroquia de Heredia porque la tengo aquí a la par, entonces muchos conocen mis trabajos gracias precisamente a lo que se ve ahí”, mencionó. Aunque el arte es lo suyo, nunca pudo lograr vivir solamente de la pintura, por lo que tuvo que estudiar para convertirse en abogado que la otra pasión de su vida, aunque sí ha podido vender varias de sus creaciones.
Sus cuadros están en su casa, también lo tienen sus hijos y familiares, algo que le complace, por lo que pretende seguir pintando hasta que el cuerpo aguante y, si es del caso, morir con un pincel en la mano, finalizó.