Seguridad alimentaria

      En materia nutricional, siguiendo nuestra cultura culinaria, los costarricenses hemos tenido clara preferencia por dos alimentos básicos en nuestras mesas familiares: el arroz y los frijoles, esenciales en la seguridad alimentaria (SA) de los ticos. Los nutricionistas siempre han destacado el valor nutricional de ambos granos.En la Cumbre Mundial de Alimentación (1996, […]

Fecha de publicación:

Fecha de modificación:

 

 

 

En materia nutricional, siguiendo nuestra cultura culinaria, los costarricenses hemos tenido clara preferencia por dos alimentos básicos en nuestras mesas familiares: el arroz y los frijoles, esenciales en la seguridad alimentaria (SA) de los ticos. Los nutricionistas siempre han destacado el valor nutricional de ambos granos.
En la Cumbre Mundial de Alimentación (1996, Roma), se determina que la SA “…consiste en el acceso a todos los niveles a unos productos alimenticios que sean nutritivos, que se puedan consumir de forma segura y en bastante cantidad”, y el arroz y los frijoles son nutritivos y se consumen masivamente en nuestro país.
Y sobre la SA se establecen “cuatro características primordiales: disponibilidad física, acceso, utilización y estabilidad de la oferta”.
Por su parte, la Organización Mundial de la Salud (OMS) dice: “Hay SA cuando todas las personas tienen en todo momento acceso físico, social, económico a suficientes alimentos inocuos y nutritivos para satisfacer sus necesidades alimenticias y sus preferencias de alimentos para tener una vida sana y activa”.
Obsérvese que en las conceptualizaciones anteriores de la SA se destaca el valor nutritivo de los alimentos, razón por la que en algunos escritos se habla de la Seguridad Alimentaria Nutricional (SAN), a objeto de subrayar el factor nutritivo de los productos.
Lo preocupante, en la actualidad, es que las áreas de siembra en Costa Rica se han reducido y los costos de producción han aumentado progresivamente.
Ambos factores, por razones conocidas, ponen en alto riesgo: la disponibilidad, la estabilidad de la oferta y el acceso de estos alimentos de primera necesidad a la población de bajos ingresos; así como la economía y el bienestar de miles de familias dedicadas a estos cultivos y el empleo laboral de los trabajadores de nuestras fértiles tierras, quienes encuentran en estas actividades productivas sus ingresos familiares, el sustento de sus familias.
La falta o reducción de trabajo en el campo costarricense incrementará la pobreza en muchos.
El riesgo de perder el abasto del arroz y los frijoles reside en que, si la producción nacional sigue disminuyendo y los agricultores abandonan sus actividades por no ser rentables, en la mesa de los ticos se llegará a consumir el 100% del arroz y de los frijoles importados. Lo cual, sin duda, beneficiará a unos pocos y desocupará a miles de costarricenses que siempre han cultivado nuestras tierras de vocación agrícola. Amén de los posibles inalcanzables precios para la gran mayoría de familias.
En tales condiciones, es posible que se llegue a perder la SAN en ambos alimentos, porque vamos a depender de lo que otros países nos vendan al precio que estos definan; asimismo hay que considerar que, dadas las notorias afectaciones del cambio climático en la producción agrícola, los países productores, ante una crisis mundial de producción de alimentos, primero se verían obligados a satisfacer sus mercados nacionales y el excedente lo venderían al mejor pagador. Esto encarecería la disponibilidad y el consumo de ambos alimentos a los costarricenses.
Si ahora, como es nuestra realidad nacional, el país no produce la cantidad de toneladas que los ticos consumimos de ambos alimentos: el arroz y los frijoles, el apoyo y las facilidades a estos agricultores, por parte del gobierno, se vuelven inaplazables para que nuestros productores agrícolas alcancen un mayor porcentaje de producción nacional, a efecto de disminuir la cantidad de granos importados, de que haya mayor SA de los costarricenses y se evite el incremento del desempleo, primordialmente, en las zonas rurales de vocación agrícola; desempleo que todavía no se ha reducido, sino aumentado, según estudios recientes.