Sedentarismo golpea a la mitad de la población

49% de los costarricenses no cumplen actividad física mínima

Fecha de publicación:

Fecha de modificación:

Casi la mitad de las personas adultas en el país no cumple con la cantidad mínima de actividad física recomendada para mantener una buena salud. El 49,7% no realiza al menos 150 minutos de ejercicio moderado a la semana, una cifra que confirma que el sedentarismo se ha convertido en uno de los principales desafíos de salud pública en Costa Rica.

Según datos de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS), esta falta de movimiento no solo disminuye la capacidad física y la energía diaria, sino que incrementa el riesgo de desarrollar enfermedades crónicas como hipertensión, diabetes tipo 2 y otros trastornos metabólicos.

“Se observa que los hombres son más activos que las mujeres, una diferencia que también se presenta en muchos otros países. Estos datos muestran que, aunque Costa Rica ha avanzado en promover estilos de vida activos, aún existen retos importantes para motivar a más mujeres y a la población en general a moverse más cada día”, explicó Lisseth Villalobos, educadora física de la subárea  de Deporte y Recreación de la CCSS.

La institución advierte que incorporar actividad física de manera regular puede reducir significativamente estos riesgos y mejorar el bienestar general.

Más allá del ejercicio

Para la especialista en nutrición del programa “Muévalo” (una plataforma que llama a la población a combatir el sedentarismo mediante cambios sostenidos en la rutina diaria), Priscilla Mora, el concepto de sedentarismo suele malinterpretarse.

“Cuando hablamos de sedentarismo no solo nos referimos a no hacer ejercicio, hablamos de pasar la mayor parte del día sin movernos. Esto afecta nuestra energía, nuestro ánimo y nuestra salud en general”, explicó.

En el marco del Día Mundial de la Actividad Física, celebrado este 6 de abril, la nutricionista detalló que el problema ocurre de forma casi imperceptible.

“Lo retador es que ocurre casi sin darnos cuenta: cuando pasamos horas sentados trabajando, frente a las pantallas o en el transporte, lo que hace que el movimiento vaya quedando de lado sin que lo notemos”, señaló.

Mora añadió que los beneficios del movimiento van más allá del control del peso corporal y subrayó la importancia de una alimentación equilibrada que acompañe el ejercicio.

“La actividad física aporta beneficios que van mucho más allá del peso: mejora la salud mental, la calidad del sueño y el funcionamiento general del organismo. Dentro de una alimentación nutritiva, los carbohidratos, incluyendo el azúcar cuando se consume en cantidades adecuadas, pueden aportar energía útil para las actividades diarias y el ejercicio”.

También insistió en que mantenerse activo no depende exclusivamente de asistir a un gimnasio.

“Caminar, subir escaleras, bailar, saltar la cuerda o incluso realizar tareas del hogar con más intención ayuda a romper el sedentarismo”, indicó.

Además, sostiene que ejercicios de fuerza como sentadillas, lagartijas apoyadas o el uso de bandas elásticas pueden realizarse sin equipo especializado y contribuir a preservar la masa muscular y la funcionalidad.

Brecha entre zonas y género

El impacto del sedentarismo también se refleja en la población infantil. En 2024, la Escuela de Ciencias del Movimiento Humano y Calidad de Vida (Ciemhcavi) de la Universidad Nacional (UNA) analizó la actividad física durante los recreos escolares y encontró diferencias entre zonas rurales y urbanas.

El estudio determinó que las escuelas rurales registraron un porcentaje promedio de sedentarismo de 21,6%, mientras que en las urbanas la cifra alcanzó el 28,19%.

“En los niños de escuelas rurales se evidenció un 36% de Actividad Física Vigorosa (AFV) en los recesos vs. 27% en los estudiantes de escuelas urbanas; mientras que en las niñas fue de 19% en escuelas rurales y 18% en escuelas urbanas”, dice el informe.

La investigación también evidenció una mayor proporción de sedentarismo en mujeres: 31,80% en niñas frente a 21,05% en niños. El análisis incluyó a 1.462 escolares, con edades entre 7 y 12 años, y examinó tanto la cantidad de estudiantes activos durante el recreo como las barreras y niveles de motivación para practicar actividad física.

Especialistas coinciden en que promover hábitos activos desde edades tempranas resulta clave para prevenir enfermedades crónicas en la adultez. La inactividad prolongada se asocia con obesidad, enfermedades del corazón —incluida la enfermedad coronaria y los infartos—, entre otros padecimientos.