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Entre más imágenes veo de la devastación causada por el huracán Otto, más se me encoge el corazón del dolor que me producen. Las historias son tantas y tan desgarradoras, el escenario tan crudo y las necesidades de las personas tan grandes, que hoy me resultó obligatorio ocupar este espacio para apelar a la conciencia y a la solidaridad de quienes con tanta paciencia leen mi columna cada martes.
A decir verdad, no podría ir a comprar una licuadora nueva o más ropa para llenar mi armario a sabiendas de que tantos hermanos nuestros lo perdieron todo en una noche que parecía no tener fin. Para ser honesta, una manzana más este diciembre o un par de zapatos nuevo no me darían ninguna paz consciente de que esas familias aún estarán buscando un techo o cobijas para arropar a sus hijos. No pretendo con estas líneas hacerle creer que tengo mi propia campaña de recolección ni mucho menos, pero sí quisiera pedirle que si aún no ha colaborado con la gente de Upala, Bijagua, Bagaces y las demás zonas afectadas, que por favor lo haga; pasará bastante tiempo antes de que pueda normalizarse su situación y necesitan de nosotros.
Muchos han criticado las medidas preventivas adoptadas por el Presidente Solís ante este embate de la naturaleza. ¡Qué miopes somos a veces y cuánto egoísmo tenemos! He criticado las acciones del gobierno cuando creo que lo ha ameritado y en esta ocasión aplaudo que desde días antes se generaran las alertas necesarias en las zonas que serían afectadas directamente por el paso del huracán y que se tomaran previsiones en todo el territorio nacional. El gobierno hizo un excelente trabajo al igual que los equipos de primera respuesta con todo y sus limitaciones de equipo y personal. Lo hicieron de corazón y con valentía y no por ser la “prima donna” en medio del desastre como algunos han pretendido sugerir. A todos esos, que probablemente nunca han servido al país desde la función pública, les pido que dediquen sus esfuerzos a colaborar con las víctimas de la tragedia en lugar de malgastarlo en atacar a quienes – enfrentando un fenómeno que nos había sido ajeno hasta ahora – han buscado la forma de que el impacto sea menor para todos.
Saquemos la casta y la solidaridad costarricenses. Hoy es un buen día para demostrar lo que somos. Espero que el próximo viernes en que se celebrará el famoso e importado “viernes negro” tengamos en mente la madrugada del viernes anterior, la más negra y larga de todas y que actuemos de acuerdo con los valores que tradicionalmente nos han distinguido y que ninguna persona en las zonas afectadas tenga hambre ni frío porque no les tendimos la mano.
A todos, muchas gracias desde ahora.