
En otros comentarios, he analizado algunos errores de la respetable Academia española de Lengua, localizables en sus diccionarios. Al decir diccionarios, me refiero al físico y al electrónico. La mayoría de los marros está en la línea de la conceptualización de lo que se lee en las entradas correspondientes. También hacen aparecer algunos que no se apegan a la etimología: al origen en griego clásico y el bajo, el viejo latín, etc. Pero como ha sido su costumbre, también incluyen palabras que son de uso coloquial allá en la España, como en los demás países donde se habla español. Es así como, entonces, se pueden localizar términos que empleamos en esta Tiquicia de todos, es decir, los costarriqueñismos o, más propiamente, los costarricensismos.
De la simple lectura de algunos de nuestros términos, se deduce que los han tomado del “Nuevo Diccionario de Costarriqueñismos”, cuyo autor en el Dr. don Miguel Ángel Quesada Pacheco, hoy académico de la Lengua en Costa Rica. Pero si revisamos con cuidado, en España como que no leen bien o no se apegan a lo que un investigador como el Dr. Quesada hace aparecer en sus obras.
Pero no está de más decir que me parece que algunos costarriqueñismos los han tomado de alguna que otra obra u obras, de gente que no tiene un amplio dominio del uso correcto de nuestra manera tan particular de hablar. Lo anterior, es como para justificar o atenuar algunas cosas que nos pueden dejar con el pelo parado.
En el título del presente comentario, he citado el verbo “sapear” y que la Academia de España, al pie de la letra define de modo errado, en lo que respecta a nuestro país: “ jerg. Chile, C. Rica y Ven. Entre delincuentes, acusar (denunciar)”.
Cualquier costarricense sabe o conoce que el verbo “sapear” no necesariamente es de uso exclusivo del hampa o de la delincuencia. Para los ticos en general, “sapear” significa malinformar [costarriqueñismo], denunciar, acusar. Dicho con otras palabras, más sencillas: dar informes negativos sobre el actuar o el hablar de las personas y que le pueden traer consecuencias o represalias, etc. Entonces, el “sapo”, o informante que nos traiciona al proceder de modo solapado, no necesariamente es o debe ser un delincuente.
De tal modo -por ejemplo-, el amigo fiel que es indiscreto o perverso y le cuenta a alguien al que no debe sobre algo personal de nosotros que debe mantener en secreto o debe ser reservado, es un “sapo” él y una “sapa” ella. Dicho sea (o es) de paso, el sustantivo “sapo” se considera actualmente como una onomatopeya [formación de una palabra por imitación de un sonido]. Sin embargo, otros diccionarios indican que “sapo” es de origen incierto. Inclusive, recuerdo haber leído que “sapo” es la onomatopeya del sonido que hace el batracio al saltar al agua o el barro y producir un sonido continuado que algunos han traducido como: sapo-sapo.
De lo que llevo dicho [o escrito], es incorrecto lo que hace aparecer la Academia española de la Lengua en su DRAE, en lo que respecta a sapo. Pero también allá, en la España, se han inventado [o los han “embarcado”] con “gasolinería”, “tender una cama”, “conchudo”, “aguaitar”, “matonear”, “abombado”, “interventoría” y otra lista larga de errores.
Y es interesante descubrir cómo los cientos de escritores sobre costarriqueñismos no se han preocupado por incluir en sus trabajos “tipo” para definir una hora de una cita o de una resolución. Por ejemplo: “Tipo 3 de la tarde” [aproximadamente a las 3 de la tarde]. “Tapita” para la porción que le quitamos a las naranjas o los limones cuando los pelamos o mondamos. Esa “tapita” es el corte que le hacemos a la fruta para facilitar el acto de empezar a comerla.
Pero después de ver los muchos errores que se notan el en DRAE sobre nuestros costarriqueñismos, me da la impresión que alguien le ha “tendido una cama” a la Academia de España, ya que, ni por asomo, los significados que hoy se leen en su diccionario oficial se apegan al uso que les damos en Costa Rica.
Como investigador en el campo científico del idioma español, así como también de nuestros costarriqueñismos, rechazo de modo enérgico, y con el sentido de “encolerizado”, digo mejor “enchaquetado”, “en plan chaqueta”, “arrecho”, “emputado”, “chiva” que se cite en el DRAE que “sapear”, en nuestro país sea de uso del hampa; de la delincuencia. Y no digo “cabreado”, porque es de uso internacional.
Y tal discrepancia de criterio con el que mantiene la publicación de los académicos españoles hacen o me harían convertirme en un “delincuente”, merced al error de conceptualización que hoy, difunden al mundo de más que inaceptable.
Y en nuestra Academia costarricense de la Lengua, deben ponerse a trabajar y revisar asuntos tan sencillos como lo son nuestros costarriqueñismos en el diccionario oficial de la lengua, para que corrijan y dejen de anotar cosas que cualquier tico puede notar con facilidad.
*Etimólogo y lexicógrafo