San José Obrero y el trabajo humano digno

Mons. Daniel Francisco Blanco Méndez Obispo Auxiliar de San José

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El papa Pío XII quiso que se instituyera la fiesta litúrgica de San José Obrero el mismo día en que ya se conmemoraban las luchas por la reivindicación de los derechos laborales. 

De esta manera se buscaba resaltar que “el humilde obrero de Nazaret, además de encarnar delante de Dios y de la Iglesia la dignidad del obrero manual sea para todos los obreros del mundo, especial protector ante Dios, y escudo para tutela y defensa en las penalidades y en los riesgos del trabajo” (1º de mayo de 1955).

Además, celebramos esta fiesta durante el tiempo de Pascua, que es la celebración que da fundamento a toda nuestra fe cristiana, ya que Cristo resucitado, quien ha triunfado sobre el pecado y sobre la muerte, ha querido unirnos a su triunfo. 

Por tanto, la vida de cada ser humano y la historia misma de toda la humanidad han sido transformadas en historia de salvación. Todo en nuestro peregrinar terrenal tiene sentido y tiene solución, incluso la muerte, que ya no es el fin, sino la unión con Cristo y con su vida perfecta y gloriosa.

Por esto, el Resucitado es la fuente de nuestra fe y la certeza de que Dios cambia la cruz en gloria, la muerte en vida, el mal en bien, el luto en gozo.

Jesús nunca renegó de ser llamado el hijo del carpintero; es más, Él mismo era considerado carpintero por su trabajo junto a José. 

Tanto la Palabra de Dios como el Magisterio de la Iglesia destacan la condición obrera de San José, porque con su vida de virtud, laborando arduamente, contribuyó a santificar el trabajo de tantos que, de forma justa y honesta, se ganan el sustento. Como nos ha enseñado san Juan Pablo II: “Gracias a su banco de trabajo, sobre el que ejercía su profesión con Jesús, José acercó el trabajo humano al misterio de la redención” (RC 22).

Esa dignidad del trabajo, que ayuda incluso a la santificación de la persona humana, es tan alta que el querido papa Francisco, a quien hemos despedido en estos días y cuyo legado acompaña el camino de la Iglesia y del mundo, nos decía que “el trabajo no es más que la continuación del trabajo de Dios: el trabajo humano es la vocación del hombre recibida de Dios al final de la creación del universo” (1º de mayo de 2020).

Precisamente, el llamado a respetar la dignidad del trabajador y la trabajadora ha llevado a la Iglesia universal, y particularmente a la Iglesia católica en Costa Rica, a involucrarse históricamente en acompañar procesos que faciliten condiciones justas de trabajo digno, seguridad social, salario justo, solidaridad, entre otros, en beneficio del trabajador, su familia y el bien común. Una muestra de ello es la creación de la CTRN, que llegó a su octogésimo aniversario.