Salvemos La Carpintera

Practico el senderismo desde mi época escolar. Esa afición nació cuando con algunos compañeros me di una escapadita por los cerros de La Carpintera, cuya vista me atrapa todos los días desde la ventana de mi casa en Guadalupe de Cartago. Esa atracción mágica fue el inicio de una relación con la naturaleza que 50 años después, aún perdura. Aquel primer ascenso al cerro Atalaya, me marcó de tal manera, que todavía hoy, peinando canas de más, recorro esos senderos con el mismo entusiasmo de entonces.   

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Practico el senderismo desde mi época escolar. Esa afición nació cuando con algunos compañeros me di una escapadita por los cerros de La Carpintera, cuya vista me atrapa todos los días desde la ventana de mi casa en Guadalupe de Cartago. Esa atracción mágica fue el inicio de una relación con la naturaleza que 50 años después, aún perdura. Aquel primer ascenso al cerro Atalaya, me marcó de tal manera, que todavía hoy, peinando canas de más, recorro esos senderos con el mismo entusiasmo de entonces. 

 

No obstante, mucho han cambiado estos montes desde la citada aventura de infancia. Por esa época el bosque discurría hasta la propia base de los cerros, sea por el lado de Coris, Ochomogo o Tres Ríos, apenas interrumpidos por unos cuantos potreros donde pastaban plácidamente las vacas. 

 

Hoy observo con preocupación cómo los espacios abiertos son cada vez más amplios, especialmente por el lado de Tres Ríos. Por allí muchos árboles han caído para dar paso a decenas de casas e instalación de algunas empresas. Incluso los precaristas se han ido apoderando de las faldas del cerro en una acción que se hace necesario detener, antes de que este último gran pulmón del Área Metropolitana desaparezca. Por eso destaco la lucha que vienen dando algunas organizaciones del cantón de La Unión en procura de conservar esta área para el disfrute de las generaciones futuras. Es también un esfuerzo para asegurar la calidad del aire y el abastecimiento de agua a través de las distintas fuentes que brotan en esta montaña. 

 

Pese a la amenaza a la que han estado expuestos estos cerros durante tantos años, dichosamente aún quedan algunas áreas de bosque primario en las que se pueden observar diversas especies de árboles, arbustos y hierbas donde milagrosamente sobreviven algunos animales silvestres como conejos, guatusas, armadillos e incluso osos perezosos, además de una amplia variedad de aves. De sus entrañas surgen varias quebradas de aguas cristalinas que corriente abajo se convierten en ríos, aunque lamentablemente la contaminación con residuos químicos ya las alcanzó en el curso bajo.

 

Caminar por la zona sigue siendo una inefable experiencia, pues permite respirar aire fresco, vivir esa sensación de libertad del cabello agitado por el viento, la satisfacción del esfuerzo físico para alcanzar las cumbres, además de disfrutar hermosas vistas panorámicas de las ciudades de Cartago y San José con una perspectiva única.  Lamentablemente la incursión a la zona se torna cada vez más complicada, ya que los finqueros se han vuelto muy quisquillosos con las personas que ingresan, debido a los daños que algunos ocasionan; por eso pagan justos por pecadores. Recientemente fuimos sorprendidos por los guardas de una finca cuando caminábamos en forma despreocupada por un potrero, tal como lo hemos hecho durante muchos años, pero esta vez nos conminaron a salir de inmediato porque de lo contrario nos podían “blanquear”, según nos amenazaron con increíble frialdad, por lo cual aplicamos aquello de que a buen entendedor, pocas palabras. En otra ocasión sufrimos un intento de asalto por parte de algunos sujetos que se esconden a consumir drogas, aprovechando las facilidades que ofrece una trocha que se abrió hacia el sector oeste. Otros andan en busca de orquídeas y plantas exóticas que luego venden en forma subrepticia. Lamentablemente es frecuente encontrar por los senderos cantidad de basura no biodegradable, principalmente botellas plásticas y de vidrio, así como envolturas plásticas que gente sin escrúpulos lanza sin ninguna consideración, causando un grave daño ecológico a esta reserva. En varias ocasiones nuestro grupo de caminantes ha organizado cruzadas para recoger desechos, pero en la siguiente vez vuelve a aparecer la basura, como en aquel cuento de nunca acabar. 

 

Por todas estas razones aplaudo los esfuerzos que se realizan para conservar La Carpintera e insto a las personas a apoyar estas iniciativas, debido a que aún estamos a tiempo de salvar estos hermosos cerros que son un ícono del Valle Central.