
En medio de una realidad donde el abandono animal sigue en aumento en el país, el sacerdote Alejandro Sandí decidió no mirar hacia otro lado. Actualmente, mantiene alrededor de 60 perros, en su mayoría adultos mayores, a quienes les brinda alimento, atención veterinaria y un espacio seguro donde vivir.
Lo que comenzó como una acción individual, impulsada por el amor hacia los animales desde su infancia, hoy se ha transformado en un proyecto de vida que alberga a decenas de perros que encontraron en él una segunda oportunidad.
La iniciativa, conocida como Proyecto C.A.S.A, nació hace varios años cuando, ya como sacerdote, empezó a recoger perros en condición de abandono.
“C.A.S.A. La C de casa; aquí tienen que tener una casa. A de alimento; no les puede faltar el alimento. La S de salud, tienen que estar vacunados, desparasitados, castrados y, pues, la enfermedad sí hay que combatirla; y la última sería un Ambiente seguro, que si llueve, que no se mojen, que anden libres, que si tienen que correr, pues que corran”, destacó el padre.
Primero fueron unos pocos, pero con el paso del tiempo la cifra creció hasta alcanzar más de 100 animales bajo su cuidado.
Durante años, el sacerdote asumió prácticamente solo la responsabilidad de cuidarlos, combinando su labor pastoral con rutinas que iniciaban desde la madrugada para alimentar, limpiar y atender a los animales antes de cumplir con sus obligaciones religiosas.
Hoy, el proyecto también genera empleo y cuenta con el apoyo de personas que colaboran tanto en el cuido diario como con donaciones.
Más allá del rescate, Sandí insiste en que su labor responde a una problemática mayor: la irresponsabilidad en la tenencia de mascotas.
Señala que muchos de estos animales, al ser domesticados, dependen completamente del ser humano, por lo que abandonarlos los deja en una condición de vulnerabilidad total.
“Si algo he aprendido de los perros, parece paradójico u obvio, pero un perro necesita para vivir estar vivo (…) El perro le enseña a usted que para que usted viva, solo necesita vivir (…) Si están ciegos, van; si están rencos, caminan; si están enfermos, se levantan. El ser humano no, se hizo un montón de necesidades innecesarias”, reflexiona el sacerdote, quien asegura que estos animales también le han dejado lecciones sobre lo esencial de la vida y la empatía.
Aunque continúa ayudando a otros perros fuera del lugar, el proyecto ya no recibe más animales, debido a la responsabilidad que implica garantizar bienestar a los que ya están.
La mayoría permanecerá ahí hasta el final de sus días, en un entorno donde, según su creador, no les falta techo, comida ni compañía.
Quienes trabajan en el sitio coinciden en que se trata de una experiencia distinta, donde el contacto diario con los animales genera un vínculo especial.
Además, destacan la importancia de crear conciencia sobre el maltrato y abandono, recordando que incluso acciones pequeñas pueden marcar la diferencia en la vida de estos animales.
“Hay muchas personas que tienen un trabajo que tal vez no es algo que les guste, pero por obligación tienen que tenerlo. En cambio, aquí es como un trabajo que a uno le gusta y, a pesar de que está haciendo algo, está generando ingresos y también a uno le gusta; es como un hobbie más”, afirmó Ian Masis.
“Aquí son solo ellos, totalmente ellos y bueno, el padre, y el padre es supertuanis, y los compañeros, y realmente es un buen equipo de trabajo. Es una bendición y, pues, sí, la gente sí desea mucho este trabajo”, mencionó Jefferson Corrales.
El proyecto se sostiene gracias a donaciones y al apoyo de personas que creen en la causa.
Para el padre Sandí, más que una iniciativa, se trata de una misión personal que combina su vocación con el compromiso de ofrecer una vida digna a quienes, muchas veces, fueron olvidados.








