
El colapso de una alcantarilla bajo la ruta 27 volvió a poner en evidencia un problema que especialistas consideran recurrente en la infraestructura vial costarricense: sistemas de drenaje diseñados para condiciones que ya no corresponden a la realidad actual, sometidos además a procesos de erosión, urbanización acelerada y falta de mantenimiento.
Desde el Colegio Federado de Ingenieros y Arquitectos (CFIA) y el Laboratorio Nacional de Materiales y Modelos Estructurales (Lanamme) coinciden en que los hundimientos registrados en distintas carreteras del país tienen relación directa con fallas en las tuberías que corren bajo las carreteras las cuales, en muchos casos, fueron diseñadas décadas atrás y enfrentan hoy caudales superiores a los previstos originalmente.
El coordinador de la Comisión del Código Hidrológico del CFIA, Rafael Oreamuno, explicó que uno de los principales problemas radica en que las alcantarillas fueron calculadas bajo condiciones de uso del suelo muy diferentes a las actuales.
“Lo que como país no hemos hecho es verificar o validar para qué caudales están en este momento en capacidad nuestras alcantarillas de evacuar esos volúmenes, porque el desarrollo urbano, la impermeabilización que hemos hecho de diferentes zonas del país y ese cambio de uso de la tierra ha hecho que los caudales incrementen”, señaló.
Según el especialista, cuando el agua atraviesa una alcantarilla a gran velocidad puede erosionar progresivamente el terreno. Ese proceso suele desarrollarse durante años hasta que la estructura pierde soporte y termina provocando el colapso de la carretera ubicada sobre ella.
Oreamuno indicó que fenómenos similares se han observado en distintos puntos del país, incluyendo la Ruta 27, Circunvalación, la Ruta 2 en Cartago y otras carreteras nacionales.
“El problema lo vemos en La Quebrada Chilamate, en Desamparados; en Villa Bonita, en Alajuela; ahora tenemos la Quebrada Negritos. Todos los años vemos que en algún punto de la Gran Área Metropolitana, San Ramón, Grecia, Naranjo o Cartago aparece el problema básicamente por el cambio en el uso de la tierra”, afirmó Oreamuno
Por su parte, el ingeniero de Lanamme, Roberto Villalobos, señaló que el hundimiento registrado recientemente evidencia la relevancia de estas estructuras para la operación de la red vial.
“Podemos ver cómo por el resultado de un colapso de una alcantarilla está inhabilitadando una de las carreteras más importantes del país. Las alcantarillas cuando colapsan se debena un problema de capacidad hidráulica, es decir, que en un evento particular o en una serie de eventos que exceden la capacidad de diseño”, explicó.
Zonas urbanas concentran los principales peligros
Aunque ninguno de los expertos señaló un inventario nacional que identifique puntos críticos específicos, ambos coinciden en que las áreas urbanas representan los sectores con mayor vulnerabilidad.
Oreamuno indicó que la sustitución de terrenos agrícolas y áreas verdes
por superficies impermeables provoca que una mayor cantidad de agua escurra rápidamente hacia quebradas y alcantarillas.
“Los caudales de diseño que se estimaron para alcantarillas en los años 60 o 70 para una misma tormenta hoy sencillamente se sobrepasan porque las condiciones que había de uso de las tierras son muy diferentes. Eso es lo que tenemos que evaluar”, manifestó el experto.
El ingeniero explicó que anteriormente gran parte del agua era retenida por la vegetación o infiltrada en el suelo. Sin embargo, el crecimiento urbano ha reducido esa capacidad natural, aumentando considerablemente el volumen de agua que llega a los sistemas de drenaje.
De parte de Lanamme, Villalobos agregó que cuando una alcantarilla trabaja por encima de su capacidad comienza a operar bajo presión, una condición para la que no fue diseñada.
Mantenimiento,
la tarea pendiente
Ambos especialistas señalaron que la prevención pasa por fortalecer los programas de inspección y mantenimiento de las estructuras existentes; tarea que no se desarrolla de la forma adecuada por parte de las autoridades.
“No sé por qué razón, pero en el país lo hemos olvidado: el mantenimiento de estos sistemas. Puede ser que la estructura esté en perfectas condiciones y que el caudal no haya aumentado, pero sufre obstrucciones o erosión que son fácilmente reparables con un buen mantenimiento a tiempo”, sostuvo el ingeniero del CFIA.
En la misma línea, Villalobos indicó que las autoridades deben vigilar constantemente el estado de las alcantarillas.
De acuerdo con el CFIA, una de las medidas prioritarias es actualizar las estimaciones de caudales utilizadas para el diseño de estas estructuras, especialmente en corredores de alta circulación vehicular donde los cambios en el uso del suelo han sido más acelerados.
Rafael Oreamuno
Comisión Hidrológica CFIA
“Cuando usted quita vegetación que había antes, quitó la infiltración y el almacenamiento en el suelo, entonces prácticamente 80% o 90% de lo que llueve se escurre, y lo que sucede es que los caudales de diseño que se estimaron para alcantarillas en los años 60 o 70”.
Roberto Villalobos
Ingeniero Lanamme
“Es importante tener un programa de mantenimiento, de inspección que nos asegure que las alcantarillas están en buena condición, ¿qué implica esa buena condición? Que no tienen obstrucciones y que no estemos viendo ninguna señal de ningún problema de capacidad”.

