Ni la lluvia ni las calles anegadas apagaron la enorme expectativa. Horas antes de que Rosalía apareciera en escena, miles de fanáticos transformaron las inmediaciones del Palacio de los Deportes en una extensión de su universo estético, donde velos, crucifixos y coronas dominaron el paisaje.
“Mientras avanzaba la tarde, las inmediaciones del recinto se transformaron poco a poco en una extensión del universo de LUX”, relató el analista musical Fabián Marrero sobre el ambiente previo.
Adentro, unos 16.500 espectadores, incluyendo fanáticos costarricenses que viajaron especialmente para la cita, aguardaban con euforia el primero de cinco conciertos programados en la capital azteca.
Un show teatral, invitados y euforia total
A las 8:27 p. m., la cantante catalana emergió sorpresivamente desde una caja de embalaje sobre el escenario.
La propuesta desplegó una faceta sumamente teatral y orquestal, entrelazada a la perfección con el furor de éxitos mundiales como “SAOKO”, “BIZCOCHITO” y “DESPECHÁ”.
Durante el segmento “El Confesionario”, Rosalía compartió tarima con la invitada Kenia Os, quien desató la ovación del público al cerrar una anécdota personal sobre relaciones con la frase “Ojo de loca no se equivoca”.
Tras repasar temas como “La Perla” y “Sauvignon Blanc”, el espectáculo concluyó de forma emotiva con la interpretación de “Magnolias”.
Sobre el broche de oro de la velada, Marrero destacó la complicidad entre la artista y su público: “La lluvia había recibido al público. Rosalía se encargó de encender la noche”, marcando así un inicio memorable e histórico en su residencia mexicana.
