
Como todos sabemos, los idiomas tienen una base sólida que es la etimología, es decir, el origen de sus palabras. Nuestro idioma español, así como el inglés, cuentan con muchos estudios sobre el porqué de casi todas sus palabras. A veces, no se tiene claro este asunto, y los lexicógrafos ponen una nota como “origen incierto”, “etimología dudosa”, etc.
Derivado de lo anterior, da para pensar que cuando se acuña o crea una nueva palabra que, lógicamente no tenían los griegos ni los romanos [en el caso del español], deben apegarse a esas dos lenguas. Si un término científico o una palabra no se apega al uso correcto, es espuria, ilegítima o “bateada” como decimos en Costa Rica. El verbo “restañar” nos vino del latín, con la idea principal de “desbordarse”, “inundarse” o de “estar inundado”. En esa lengua, “restagnare”, la formaron los romanos con dos partes: [re-stagno], o con la idea principal de “volver a estancar lo que corre”. Pero si lo analizamos con cuidado, con lógica lingüística, lo que corre en el caso de las heridas, en la sangre u otro líquido; he aquí el quid del problema por resolver o de aclarar. La herida por sí sola, en simplemente una abertura, una perforación o un desgarro del tejido, ora producido por un golpe, ora por un corte.
Si lo vemos con una lupa y sustentados en el latín, el verbo “stagnare” implica la idea principal de estancar, de estar encharcado, de hacer que alguna cosa quede estancada; de inmovilizar. El Diccionario de la lengua española [así, con solo esa mayúscula inicial como lo dicta y obliga la Ortografía de la Academia], siglado como DRAE, al pie de la letra nos indica lo siguiente para el verbo estancar: “Detener y parar el curso y corriente de un líquido”. En el presente caso que analizo, queda en evidencia que el “líquido” a que hace referencia la Academia española de la lengua, es la sangre que fluye o corre hacia el exterior, por la vía que se lo permite: la herida.
Por otra parte, el DRAE, el mismo ente regulador del idioma, dicta y obliga que el verbo “restañar” debe ser entendido así, a nivel internacional: “Detener una hemorragia o el derrame de otro líquido”. Igualmente, tal diccionario nos muestra que una “hemorragia”, es el “flujo de sangre por rotura de varios vasos sanguíneos”. Consecuentemente, lo que encierra la idea principal de los romanos con su latín para el verbo “restañar” es detener o estancar un líquido que corre, que fluye, es decir, la sangre circulante y que brota por el medio que se lo permite: una herida. Así esta lección de Lógica Lingüística, sustentados en la etimología del verbo “restañar”, es incorrecto decir “restañar las heridas”, porque la idea principal de los romanos, es o era estancar, es decir, detener el movimiento de algo; de la sangre que corre y sale por la herida, como he dicho de modo reiterado.
Diay, ¿pero entonces cómo es que se debe o debería decir? Para quienes conocemos alguillo de etimología, el panorama está muy claro. Lo que está estancado, es porque tiene la facilidad de poder avanzar, de correr, como es el caso de la sangre. Por las razones expuestas, lo que se restaña no es la herida. Esta [la herida] tan solo se cierra por costura, por grapas, etc. Lo que se puede estancar [de acuerdo con el origen del latín del verbo “stagnare”], pues sencillamente es la sangre. O sea, detener el curso o el avance por medio de la herida que así se lo permite. Como resumen: lo que se restaña o estanca, de acuerdo con el latín, es la sangre. Una herida está fija y no es la que corre, la que se mueve progresivamente del interior al exterior es el líquido rojo.
Dicho con palabras más que sencillas, se debe o debería decir: Hay que restañar la sangre que sale de las heridas. Aún los académicos de España, tan renuentes a incluir en su DRAE palabras científicas que los pondría muy en alto intelectualmente, ya incluyen el sustantivo femenino “hemostasia”, con el sentido que se le da o tiene en Medicina: detención de una hemorragia, por medio físico, por medicamento, etc. Si hacemos una adaptación más actualizada de lo que hoy cuestiono con esto de “restañar las heridas”, es igual que si decimos o dijéramos: Hay que “hemostasiar” las heridas.
Pero el verbo “hemostasiar” [de hemostasia], lo acabo de acuñar; la Academia ni siquiera ha pensado en incluirlo en su mundial DRAE.
*Etimólogo y lexicógrafo