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Según lo ha informado la prensa nacional e internacional, el pasado 17 de mayo en el Hospital México se dio el primer nacimiento de sextillizos en Costa Rica, los que fueron concebidos mediante inseminación artificial. Este nacimiento tiene conmovido a todo el país.
Lamentamos que debido a que son prematuros, y por haber nacido con poco peso, al momento de escribir esta columna, han fallecido Diego, Emma, Andrés y Tomás. Aún luchan por sus vidas Valentina y Gabriel. Deseamos de todo corazón que ganen esa lucha, para alegría de sus padres y que será también, alegría para todo el país. Bien decía Jacinto Benavente “En cada niño nace la humanidad”. Sí Valentina y Gabriel logran sobrevivir, debe ser alegría de todos.
Entiendo el sufrimiento de los matrimonios que desean tener un hijo y no pueden lograrlo mediante el acto conyugal. Lo entiendo, pues yo misma soy una mujer que sufrí problemas de fertilidad que me impedían concebir hijos. Pero el fin bueno –tener hijos— no justifica la técnica de reproducción mala.
Actualmente en la Asamblea Legislativa se estudian varios proyectos relacionados con las tecnologías de reproducción humana asistida que incluyen, entre sus muchas ofertas: inseminación artificial, la fertilización in vitro (FIV), alquiler de úteros, “donación” de esperma, la “donación” de óvulos y otras similares.
Lamentablemente, estos procedimientos se han vuelto bastante comunes en otros países, a pesar de las preocupaciones bioéticas, morales y religiosas manifestadas por algunos.
Un bebé, normalmente es considerado como algo deseable, especialmente cuando los padres desesperadamente lo quieren; es por ello que puede ser difícil para algunos, entender y explicar por qué esos procedimientos están equivocados o son incorrectos. Es como si el fin bueno, oscureciera su razón y no les permitiera ver que el medio utilizado para alcanzar ese fin está mal.
En el negocio millonario de la reproducción humana asistida, es común que los médicos se preocupen más por complacer a sus clientes, los hombres y mujeres que recurren a solicitar su ayuda para concebir un hijo, y se olvidan del hijo que están produciendo, de su dignidad y de sus derechos. Debido a ese olvido, es que por un procedimiento de inseminación artificial permitió la concepción de los sextillizos que los puso en riesgo de muerte, así como a su madre.
Es preciso recordar, que la vida de todo ser humano inicia en el momento de la concepción, es decir, desde el momento que el óvulo se fusiona con el espermatozoide. A partir de ese momento, el niño no nacido goza de todos los derechos establecidos en la Convención sobre los Derechos del Niño y tiene derecho a una protección especial por parte del estado. Esto significa, que en todas las decisiones y medidas que se tomen, en la que intervengan instituciones públicas o privadas, así como órganos legislativos, judiciales o administrativos, es de consideración primordial el interés superior de la persona por nacer. Así, en toda legislación se debe reconocer y garantizar el derecho inalienable a la vida y a nacer de todo niño concebido.
Con el reconocimiento de sus derechos, se debe garantizar, que tanto al niño concebido, como su madre, tienen derecho a la asistencia médica necesaria y el derecho a recibir el tratamiento y el cuidado especial que requiera su situación de salud particular. Resulta inaudito que algunos se cuestionen los gastos que el cuidado de estos niños le ha costado a la Caja Costarricense del Seguro Social. ¡Son niños! ¡No se le puede poner precio a su derecho a vivir!
No reconocer los derechos de los niños no nacidos y permitir la reproducción humana asistida sin ningún límite ético –como quieren algunos que están en el negocio de fabricar niños—, sería como aceptar que los niños se pueden fabricar, vender y comprar, lo cual evidentemente lesiona su dignidad humana y con ello todos sus derechos.