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Respondiendo a la aspiración de contar con una agrupación política de carácter ideológico y permanente, distinta a las de carácter personalista que hasta entonces habían dominado el escenario político nacional, José Figueres Ferrer, Francisco Orlich, Daniel Oduber y Luis Alberto Monge, promovieron la fundación del Partido Liberación Nacional (PLN), con el propósito de luchar por construir un país próspero y solidario mediante la implementación de “un sistema económico que produzca con eficiencia y que distribuya con justicia”, de acuerdo con la visión del primero.
Es incuestionable que el accionar de este partido en la vida política e institucional del país, ya sea desde el Poder Ejecutivo o desde el Parlamento, le ha deparado ingentes aportes al desarrollo económico y social y sus frutos están plasmados en un sinnúmero de leyes, instituciones y obras que prestan una contribución inestimable al progreso de la nación y al bienestar de sus habitantes.
De esa colectividad política han salido la mayor parte de las ideas y los dirigentes que forjaron la Costa Rica moderna y que erigieron los cimientos que le ha permitido a nuestro país alcanzar los niveles de desarrollo humano que hoy -a pesar de los problemas que aún nos agobian- lo ubican entre los primeros de América Latina.
Liberación Nacional, pese a los altibajos electorales y a las escisiones sufridas, ha logrado -en sus sesenta y seis años de existencia- mantenerse con el mismo nombre y la misma bandera, ganar en nueve oportunidades la Presidencia de la República y prevalecer como la fuerza política más importante del país.
Sin embargo, desde hace algunos años el PLN enfrenta una seria crisis por la pérdida de credibilidad y confianza entre los ciudadanos, quienes en el último proceso electoral le propinaron una estrepitosa derrota, la peor de su historia.
Una pertinente y apropiada lectura del fracaso de ese partido en las elecciones de febrero y abril del 2014, indica que el PLN necesitaba renovarse y reivindicarse en lo ético , que esa es la exigencia del electorado y que ese trabajo de remozamiento debe estar en manos de nuevos actores, de nuevos líderes, que puedan darle nuevos bríos, nuevos aires al más longevo de los partidos políticos nacionales.
Renovación y probidad son, entonces, los requisitos que el PLN debe cumplir para tratar de recuperar el apoyo mayoritario del pueblo costarricense y retornar al poder, por lo que es indispensable que en sus procesos internos se estimule y facilite el protagonismo de nuevas figuras y que sea más riguroso y exigente en la observancia de las normas éticas por parte de sus dirigentes.
En ese sentido, se puede afirmar que el resultado de la convención liberacionista del pasado mes de abril para elegir su candidato presidencial, en la que las bases partidarias rechazaron los afanes reeleccionistas de un expresidente de la República y en la que le endosaron a Antonio Álvarez la responsabilidad de liderar la renovación del partido, fue una primera señal en la dirección correcta, la que se ha complementado con la reciente designación de las candidaturas a diputados.
Es de resaltar que, sin descartar la necesaria experiencia con la que debe contar una fracción legislativa, la asamblea plenaria del PLN, bajo la dirección de Álvarez Desanti, llenó con gente joven, con rostros frescos, con hombres y mujeres que ejercerán por primera vez tan importante cargo, los puestos elegibles de las papeletas para diputados de las siete provincias.
Por otra parte, la exigencia del candidato presidencial para que cualquiera de esos candidatos deba renunciar de inmediato a la curul en caso de verse involucrado en cualquier acto vinculado a la corrupción es otra señal positiva que debe recibirse con regocijo, pues el desencanto de los ciudadanos con la política y el enojo con los políticos se debe principalmente a las transgresiones éticas y a la impunidad en esos casos.
Sin duda, el remozamiento de los partidos políticos, la apertura a nuevos liderazgos, constituye un incentivo para que nuestra juventud participe más activamente en la política y aporte sus conocimientos y sus esfuerzos en la construcción de la Costa Rica del siglo XXI; igualmente, la rigurosidad en el cumplimiento y control de las exigencias éticas, la lucha contra la corrupción y la impunidad, es una acción necesaria y una señal adecuada para recuperar la confianza de la ciudadanía en nuestros dirigentes y en el sistema.
*Exembajador