“Rendirse no es opción”: Reconstruyó su vida en Costa Rica junto a sus hijos

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Reyna Vallecillo Tapia tenía 39 años cuando tomó una de las decisiones más difíciles de su vida: Dejar Nicaragua y comenzar de cero en Costa Rica junto a sus tres hijos, entonces menores de edad.

La comunicadora nicaragüense salió del país en 2021, en medio de un contexto de persecución contra opositores, periodistas y organizaciones de la sociedad civil. El temor de que pudiera ser detenida y que sus hijos quedaran solos terminó por acelerar una decisión que llevaba tiempo considerando.

“Mi enfoque principal fueron ellos, porque yo estaba desesperada por salir de Nicaragua, pero como ellos todavía no habían terminado ni el colegio ni la escuela, decidí esperar que terminaran el curso lectivo para poder buscar cómo moverme”, recordó.

El viaje tampoco fue sencillo. Salieron de madrugada y cruzaron la frontera de manera irregular por miedo a que le quitaran el pasaporte o fueran detenidos.

“Salí con mucho miedo, porque también sabía que en ese cruce irregular tenía que pasar por los lugares donde está el ejército, y tenía terror de que nos detuviera el ejército, entonces salimos de madrugada de Managua para poder cruzar, pero más o menos ya tenía conocimiento de cuál era el procedimiento para poder irnos regularizando ya después de cruzarnos de país”, relató.

Empezar de nuevo

Al llegar a Costa Rica, Reyna tuvo que asumir prácticamente sola el reto de reconstruir la vida familiar. Primero buscó regularizar su situación y la de sus hijos, consiguió que pudieran continuar sus estudios y comenzó a buscar oportunidades laborales.

Como comunicadora se reinventó. Trabajó en consultorías, proyectos de organizaciones de la sociedad civil, producción de contenidos y otras labores que le permitieran generar ingresos.

“Tengo algunos años de experiencia, y esas mismas organizaciones que se vinieron a instalar aquí, y en el reencuentro con las personas aquí, es que pude conseguir trabajo. Sin embargo, el costo de la vida aquí es mucho más elevado, y en ese momento seguían pagando como que nosotros estábamos todavía en Nicaragua, y eso significó reinventarme creo, porque me lancé a hacer cosas nuevas”, contó.

La crianza también tuvo que acomodarse a esa nueva realidad. La cercanía de los centros educativos y el acompañamiento de docentes fueron claves para que sus hijos pudieran adaptarse.

Hoy, ese esfuerzo tiene resultados concretos. Ángel, el mayor, cursa cuarto año de Ingeniería Mecánica en la Universidad de Costa Rica; Melvin estudia Enseñanza del Inglés y está en tercer año. Iris, la menor, ingresó este año a un colegio técnico donde estudia Diseño de Modas.

“El esfuerzo lo vale todo porque veo que tiene fruto ese esfuerzo. Y también veo cómo ellos me llenan de inspiración. Son un motor que me anima a seguir. Por eso es que digo que a veces rendirse no es una opción”, afirmó.

Una madre que también recibe

Para Reyna, la historia no se trata únicamente de lo que ella ha hecho por sus hijos. También reconoce que ellos han sido fundamentales para mantenerse de pie después del desarraigo.

“Yo realmente les he dicho a ellos que ellos se han dado la oportunidad, porque a veces si hubiesen sido jóvenes que caen en la depresión, porque suele pasar, que caen en la depresión porque sí llevan un luto y una tristeza, porque yo no tengo familia en Costa Rica, familia de sangre, luego uno crea su propia familia con sus redes, pero nosotros cuatro somos nuestra familia de sangre nuclear y eso genera un desarraigo importante, pero para mí el que hayan logrado ser positivos, aprovechar la oportunidad de estudiar, para concentrarse en ellos mismos, crearse un futuro, creo que es mi mayor orgullo”, expresó. Incluso recuerda con una sonrisa que, antes de esta entrevista, le dijo a su hijo mayor que iba a hablar como una “super mamá”. Él simplemente la abrazó y se alegró por ella.

“A veces nosotros solemos enfocar como la madre que da, pero también como madres recibimos mucho, es decir, esto que yo les cuento, este orgullo, esta sensación de que hay oportunidades, que hay vida después del dolor, del luto, es también porque ellos me motivan, porque veo que yo podría decir, si ellos no reaccionan a las oportunidades, ni a mis varias jornadas de trabajo, ni a mi esfuerzo, entonces tal vez no estuviera contando esta historia, pero al ver que ellos reaccionan de manera positiva a lo que estamos viviendo, es algo que enorgullece”, dijo.

En este Día de la Madre, Reyna no celebra únicamente haber sacado adelante a sus tres hijos. Celebra haber encontrado una nueva oportunidad después del dolor, el miedo y el exilio.

Su mayor deseo es que ellos construyan un futuro distinto, pero también que nunca olviden de dónde vienen y que aprendan a defender sus derechos.

“Yo les digo que está bien reinventarse, huir no te hace cobarde y cuando uno sale de un contexto tan adverso para darse la oportunidad de vivir, está bien”, aseguró.

A sus 44 años, Reyna mira el camino recorrido y define el éxito de una manera sencilla: Sentirse orgullosa de quien es y de quienes sus hijos están llegando a ser.

Y cuando piensa en cómo quisiera que ellos la recuerden, se queda con las palabras que alguna vez le dijo su hijo.

“Estábamos hablando y le dije: A ver, ¿vos qué ves en mí? ¿Qué dirías de mí? Entonces me dijo que era una mujer joven, inteligente y luchadora. Entonces creo que quiero quedarme con eso y que si ellos lo ven así, me parece que está bien usar esas palabras para describirme”.