Reducir la deuda: un compromiso con la estabilidad

Editorial

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Costa Rica no puede volver atrás. El país ha pagado un precio muy alto por años de desorden fiscal, gasto excesivo y decisiones improvisadas que alimentaron una deuda pública desbordada. Hoy, con una hoja de ruta clara y un compromiso firme por parte del Ministerio de Hacienda, se abre una oportunidad histórica para seguir por el camino de la responsabilidad y asegurar una economía sana, sólida y capaz de sostener el desarrollo social que tanto necesita la población.

La reciente presentación del Marco Fiscal de Mediano Plazo 2025-2030 es un paso en la dirección correcta. En ese documento, Hacienda plantea reducir la deuda del Gobierno Central del 59,5 % al 54,2 % del Producto Interno Bruto (PIB), reforzar el control del gasto y disminuir el pago de intereses. Esto no es solo una meta técnica: es una decisión de país, una visión de largo plazo que debe ser respaldada por todos los sectores.

El plan gira en torno a tres ejes clave: eficiencia del gasto público, fortalecimiento de la fiscalización tributaria y aduanera, y acceso inteligente al financiamiento. 

Esa combinación busca asegurar un equilibrio fiscal sostenible, sin caer en los errores del pasado, donde se gastaba sin medir consecuencias y se recurría al endeudamiento como salida fácil.

La proyección más ambiciosa apunta a alcanzar una relación deuda/PIB del 50 % para el año 2035. Para lograrlo, se requerirá aplicar con rigor la regla fiscal, mejorar el desempeño de las aduanas y mantener un balance primario positivo, es decir, que los ingresos superen a los gastos, excluyendo el pago de intereses. Solo así será posible sanear las finanzas del Estado sin comprometer la atención de las necesidades sociales más urgentes.

El cierre fiscal de 2024 mostró señales alentadoras. Por primera vez en cuatro años, la deuda pública bajó del 60 % del PIB y se ubicó en un 59,8 %. Además, el país alcanzó su tercer superávit primario consecutivo, con ingresos por ¢7,4 billones y gastos (sin intereses) de ¢6,8 billones. El pago de intereses, que sigue siendo elevado, fue de ¢2,3 billones, pero el balance positivo demuestra que la disciplina da frutos.

Este resultado no es casual. Es el reflejo de una política fiscal firme, sostenida y coherente. Como bien dijo el ministro de Hacienda a.i., Luis Molina Chacón, “las proyecciones fiscales reflejan el éxito de una estrategia que ha generado resultados altamente favorables a lo largo de casi tres años de gestión”.

Reducir la deuda no es solo un objetivo técnico; es un imperativo ético. No se puede seguir trasladando a las futuras generaciones el peso de un Estado que gasta más de lo que ingresa. Administrar las finanzas públicas es como manejar el presupuesto de una casa: uno no puede gastar lo que no tiene, y si se endeuda, debe hacerlo con responsabilidad y dentro de sus posibilidades.

Durante décadas, Costa Rica cayó en la trampa de endeudarse por endeudarse. Esa lógica solo trajo más pobreza, menos inversión y un sistema público cada vez más asfixiado por el pago de intereses. Es momento de consolidar el cambio. No se trata de recortar por recortar, sino de gastar mejor, eliminar duplicidades, cerrar portillos al despilfarro y asegurar que cada colón se use con eficiencia y transparencia.

Si el país mantiene esta línea, se abrirán nuevos espacios para invertir en el sector social, fortalecer la educación, mejorar los salarios públicos más rezagados y atender a quienes más lo necesitan. La regla fiscal, muchas veces demonizada, empezará a flexibilizarse si logramos reducir la deuda, pues la propia normativa contempla un alivio en las restricciones cuando el endeudamiento baja.

Hoy más que nunca, Costa Rica debe apostar por el equilibrio, la planificación y la responsabilidad. El país no necesita más deuda; necesita más sensatez. Hacienda ha puesto el rumbo. Corresponde ahora a los demás actores políticos y sociales sostener el timón con firmeza. Solo así podremos construir un Estado eficiente, solidario y financieramente sostenible. Esa es la verdadera ruta hacia el desarrollo.