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Óscar Araya, Grupo Hades C.R.
A muchos les ha sucedido: alguien cuenta que soñó con un número, lo jugó en la lotería y ganó, o que soñó con un accidente, una enfermedad o incluso con la muerte de un ser querido y, al poco tiempo, ocurrió. Estos relatos alimentan la creencia de que los sueños pueden predecir el futuro. Pero ¿qué dice la ciencia al respecto?
El Grupo Hades Costa Rica, dedicado a estudiar de forma crítica los fenómenos denominados paranormales, ha analizado este tipo de experiencias mediante el método científico. La conclusión es clara: si bien las coincidencias existen, no hay pruebas de que los sueños posean capacidad predictiva.
En primer lugar, es importante comprender cómo funciona la mente humana. Durante el sueño, sobre todo en la fase REM, el cerebro procesa recuerdos, emociones y preocupaciones. Imágenes del día a día, miedos o deseos se mezclan en los sueños, a menudo de manera caótica.
Por ejemplo, si alguien juega regularmente a la lotería y sueña con un número, es natural que dicho número provenga de recuerdos recientes. Si ese número resulta premiado por casualidad, el hecho se vuelve memorable, mientras que las numerosas ocasiones en que se soñaron números y no se ganó se olvidan.
Lo mismo ocurre con sueños relacionados con enfermedad o muerte. Si un familiar está enfermo, o si existe preocupación por él, es probable que aparezca en los sueños. Si posteriormente ocurre su fallecimiento, la mente conecta ambos hechos y refuerza la idea de una premonición; en cambio, si no sucede nada, el sueño se olvida.
Este fenómeno se conoce como sesgo de confirmación: se recuerdan las coincidencias y se olvidan los miles de sueños que no coincidieron con la realidad. Además, los sueños suelen ser vagos y simbólicos, de modo que, a posteriori, resulta fácil reinterpretarlos para que encajen con los hechos.
Por supuesto, soñar algo que luego se cumple puede resultar impactante. Nadie niega el valor emocional de estas experiencias. No obstante, como investigadores comprometidos con el análisis racional, conviene afrontarlas con una perspectiva crítica: la casualidad, el funcionamiento de la memoria y los sesgos cognitivos ofrecen explicaciones más sólidas que la idea de sueños proféticos.