
La nostalgia por volver a habitar los lugares donde en otro tiempo fueron felices ha motivado a muchos vecinos de la “vieja” Cinchona a retomar sus antiguas casas, algunos han reconstruido totalmente sus viviendas pata tenerlas como casa de domingo o bien como domicilio fijo.
Un movimiento en la falla Vara Blanca-Ángel originó el terremoto de 6,2 grados, considerado como el de mayor magnitud en los últimos 157 años en esa zona y dejando como saldo 42 muertos, al menos 5 desaparecidos y 91 heridos de extrema gravedad.
Después de la tragedia se hicieron nuevas comunidades en zonas aledañas, pero en el propio sitio de la tragedia fueron contadas las estructuras que quedaron en pie.
Tuvo que pasar más de una década para que muchos pobladores se animaran a regresar a esas tierras y levantar nuevas casas, lo cual pudo ser corroborado tras una visita de DIARIO EXTRA al lugar.
TRADICIONAL MISA
Vecinos, familiares de víctimas y sobrevivientes celebraron una misa en conmemoración de los que perdieron la vida aquella tarde de enero que sacudió todo el Valle Central costarricense, principalmente las provincias de Heredia, Alajuela y San José, incluso llegó a sentirse en el sur y centro de Nicaragua y el norte de Panamá.
Durante la ceremonia, el sacerdote oficiante hizo un llamado a no olvidar a las almas perdidas y valorar los seres queridos que aún están en la tierra, ya que la vida los puede quitar en un abrir y cerrar de ojos.
La misa se extendió por 90 minutos y se ofició en el mismo lugar donde estaba construida la antigua capilla, que fue completamente destrozada por el terremoto, sin embargo gracias a la colaboración de vecinos y empresas privadas se reconstruyó el inmueble en madera en su totalidad.
DIARIO EXTRA estuvo presente durante el oficio y pudo conversar con Daniel Ramírez quien tenía 12 años de edad cuando lo sorprendió el terremoto y recordó lo vivido en esa tarde del jueves 8 de enero.
“Fue una situación bastante angustiante donde uno no sabe cómo reaccionar, después del sismo yo y unos amigos nos fuimos para arriba por el sector del Ángel, donde vivía un tío para saber la condición de él y conforme íbamos subiendo observábamos los daños que había causado el fuerte temblor. Al llegar en la zona, ya había pasado la avalancha y pensé lo peor, ya que no tenía cómo contactarme con mis padres”, recordó.
Pasaron dos días sin que Daniel tuviera información alguna de sus padres, pero por fortuna el pequeño de solo 12 años logró dar con el paradero de ellos: estaban atrapados bajo los escombros de la humilde vivienda la cual por poco casi les quita la vida.
“A la fecha estoy más que agradecido con Dios ya que mi familia y yo salimos bien librados, sin embargo, muchos conocidos y familiares no tuvieron esa misma suerte. Aquí es donde uno aprende a valorar lo que tiene y hoy por hoy somos bastante unidos, ese terremoto vino a mejorar la convivencia familiar ya que antes éramos muy distantes”.
Con lágrimas en los ojos, el protagonista vio las fotos de cómo quedaron las casas, caminos y la misma catarata el Ángel, y reafirma que no tiene palabras para agradecer a Jesús el ser un sobreviviente de dicha tragedia.
Daniel, en ese entonces todavía un niño, recuerda que observó la labor de los cuerpos de socorro y quedó marcado de por vida al atestiguar como personas arriesgaban sus vidas para salvar a otros desconocidos. De hecho, 12 años después, ahora él es parte de la Cruz Roja de Cinchona y está convencido de que nació para ayudar al prójimo.
“Quedé con la espina de ser cruzrojista desde ese momento y me lo prometí lograrlo, actualmente soy voluntario y amo estar en el día a día atendiendo personas y dando mi vida por la de los demás”, afirmó el ahora miembro de la benemérita.