¿Quién es el más afectado?

Se ha hecho común ver a ciudadanos tocando puertas para pedir una oportunidad de trabajo, mandar hojas de vida a cada correo electrónico que se anuncia como bolsa laboral y ni qué decir de las filas kilométricas que se forman cuando hay ferias de empleo. Solo falta ir a dichos eventos para darse cuenta de […]

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Se ha hecho común ver a ciudadanos tocando puertas para pedir una oportunidad de trabajo, mandar hojas de vida a cada correo electrónico que se anuncia como bolsa laboral y ni qué decir de las filas kilométricas que se forman cuando hay ferias de empleo.

Solo falta ir a dichos eventos para darse cuenta de qué tan mal está nuestro país en ese tema, cada vez que alguien ofrece puestos surgen filas kilométricas en estos lugares y muchas veces, en su desesperación, las personas acuden independientemente de si cumplen con los requisitos o no. Es que en verdad faltan oportunidades.

El desempleo golpea fuertemente a nuestro país, cada vez más personas carecen de un puesto de trabajo, tienen dificultades para llevar el sustento al hogar y, peor aún, se lanzan a las garras de la informalidad para pagar el alquiler, la comida y los servicios básicos.

Quizá la parte más triste o más preocupante es que muchas de las personas que están en busca de un empleo son mujeres que en la mayoría de los casos son jefas de hogar y por ende sí o sí ocupan una entrada económica para poder ver por sus hijos y cubrir sus necesidades. 

Lastimosamente esto queda reflejado en los estudios de opinión que realizan diferentes casas encuestadoras y las universidades, entonces nadie puede decir que están trucadas o que los datos carezcan de veracidad. 

Por ejemplo, en la última Encuesta Continua de Empleo, que se realizó entre los meses de mayo y julio de este 2022, indicó que de cada 100 mujeres que van a pedir una oportunidad de trabajo al menos 15 no lo consiguen.

Eso quiere decir que posiblemente haya 15 familias que no tienen una entrada de dinero fija y muchos menos con las condiciones necesarias para que les permita tener una calidad de vida digna.

Y si bien se puede decir que el desempleo en la población femenina ha disminuido, tampoco se trata de una garantía de que les dieron más trabajo a esas féminas, sino que puede ser que muchas de ellas, cansadas de buscar oportunidades y no encontrarlas, tomaron la decisión de emprender o tener un trabajo informal, por lo menos para generar alguna entrada de dinero. 

Bien lo decían los abuelos: muchas veces es mejor pájaro en mano que 100 volando, entonces ante la desesperación muchos piensan que es mejor agarrar algo, aunque sea sin las garantías de ley o en muchos casos hasta sin el salario de ley, para que por lo menos les ingrese lo mínimo para pagar alquiler, pasajes y lo más básico en los alimentos, como arroz y frijoles.

El desempleo tiene a los ticos agarrados del gañote, hay menos consumo, muchas familias no tienen ni para hacer las tres comidas al día y menos para enviar a sus hijos a la escuela. La falta de oportunidades es la piedra en el zapato que este país debe quitarse cuanto antes.

De hecho, los números reafirman eso precisamente: Según las estadísticas, el desempleo en la población femenina aumento en un 15%, lo que supera bastante la medida nacional.

Todo esto arroja a otro escenario poco positivo, el empleo informal, pues ante la necesidad es mejor pájaro en mano que cien volando. 

Con esto no decimos que dicho tipo de opción laboral resulte indebida, por el contrario, indicamos que la desesperación de los ciudadanos por no tener cómo ganarse la vida arroja a los desempleados a quedar a merced de patronos inconscientes y abusadores.

El empleo informal paga menos y protege menos a sus colaboradores, abusa de las jornadas y niega derechos como el seguro y la salud. Casi la mitad del parque empresarial nacional trabaja bajo esta modalidad y también golpea las arcas del Estado, pues no tributa, no paga a la Caja Costarricense de Seguro Social ni al Instituto Nacional de Seguros.

Estos datos llevan a un escenario que este país no merece, pero es una realidad: la falta de oportunidades laborales arroja a un significativo porcentaje de la población a buscar opciones en la ilegalidad.

No se trata de criminalizar a la pobreza, pero el fenómeno se torna cada vez más real, las clases sociales más desposeídas destacan como las más codiciadas por los grupos criminales, que les ofrecen cielo y tierra.

Un bocado cuesta dinero. En el hogar de una madre sola, con hijos, sin nada de comida ni agua, las ofertas abundan a costos sociales impensables.

Costa Rica no escapa a esta realidad. La falta de empleos formales, bien remunerados y dignos hacen a los jóvenes presa fácil del crimen organizado.