“Quemaron nuestro barco y nos agredieron”

Algunos de los pescadores detenidos como sospechosos de transportar cocaína en aguas costarricenses por miembros de la Guardia Costera de los Estados Unidos aseguran que llegaron a pensar que serían enviados a ese país porque su embarcación fue quemada y hundida por los agentes gringos. Sebastián Parra Cuendis, Fredier Mollenkamp Pizarro y Daniel Reyes Legardo […]

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Algunos de los pescadores detenidos como sospechosos de transportar cocaína en aguas costarricenses por miembros de la Guardia Costera de los Estados Unidos aseguran que llegaron a pensar que serían enviados a ese país porque su embarcación fue quemada y hundida por los agentes gringos.

Sebastián Parra Cuendis, Fredier Mollenkamp Pizarro y Daniel Reyes Legardo son tres de los seis tripulantes detenidos el 20 de abril a 500 millas náuticas de Cabo Blanco, Puntarenas, y mantenidos por 12 días en la cubierta de una fragata estadounidense.

Ellos conversaron con DIARIO EXTRA, una semana después de denunciar supuestas torturas mientras estuvieron bajo custodia de los oficiales norteamericanos.

Dentro de ese mismo barco fueron destruidos los medicamentos de Jorge Ferreto Gutiérrez, quien murió el 2 de mayo, antes de ser sometido a una audiencia preliminar donde fijarían sus medidas cautelares. 

A continuación, parte del relato de estos tres hombres, encerrados actualmente en el Centro de Atención Institucional de San Sebastián, a la espera de que se les fije un juicio.

 

“NO JALAMOS COCA”

 

“Todo ocurrió bien rápido. Nosotros estábamos varados en pleno Pacífico, un día -20 de abril- íbamos a sentarnos a almorzar cuando de repente llegaron dos lanchas con motor con 6 oficiales de Guardacostas de Estados Unidos, nos encañonaron y subieron a nuestro barco, pero nunca nos dijeron qué estaba pasando”, narró Reyes Legardo.

La Fiscalía los vincula a ustedes con el decomiso de 1 tonelada de cocaína. ¿Es cierto que ustedes lanzaron droga al mar?

– (Parra) Falso. Nosotros no cargábamos con nada ilegal, ellos nos arrestaron sin siquiera darnos una explicación de qué ocurría. 

¿Qué más pasó en el momento de la captura?

– (Reyes) Revisaron nuestro barco por varias horas, entre cuatro y cinco horas, y en determinado momento nos preguntaron si teníamos chalecos salvavidas, a lo que respondimos que no, por lo que ellos sacaron seis que estaban en el navío y nos los pusieron. En ese momento nos pasaron a la fragata esposados y todavía no nos decían nada.

¿Quién se quedó con su embarcación?

– (Reyes) Ellos la hicieron explotar. Quemaron nuestro barco y en ese momento creímos que íbamos para Estados Unidos detenidos. 

¿En qué consistieron los malos tratos que denuncian?

– (Reyes) Apenas nos subieron a la cubierta del navío nos quitaron la ropa, quedamos totalmente desnudos, ni siquiera con ropa interior, luego nos pusieron un quimono y nos amarraron de pies y manos a un poste, ahí nos dejaron. Obviamente les pedíamos explicaciones y fue cuando nos dijeron que estábamos arrestados por narcotráfico. Dormimos en esa parte del barco creyendo que era un simple castigo.

¿Qué pasó después?

– (Mollenkamp) Al siguiente día nos dieron hasta las 10 de la mañana un poco de pinto (arroz y frijoles) congelado, chorreaba agua del arroz y era prácticamente imposible comer eso. Pedíamos ir al baño, pero no nos dejaban, no había forma de que un día nos dieran comida decente. Así estuvimos todos los días, sin ni siquiera bañarnos.

¿Cómo estaba Jorge Ferreto, el capitán, al momento de la detención? Él murió días después.

– (Reyes) Lo que pasó con Jorge fue tremendo desde un principio porque el primer día él les pidió explicaciones a los señores estadounidenses y ellos se burlaban de nosotros diciéndonos “indios”. A él le quemaron las medicinas junto con el barco y ahí comenzó todo el problema porque su salud no estaba nada bien.

¿Qué hacían para darle medicinas?

– (Reyes) Don Jorge estuvo enfermo todos los días porque él tenía que tomarse sus medicamentos a diario y no los tenía, lo obligaban a tomarse lo que ellos le daban y solamente se le acercaban para tomarle la presión. Para el tercer o cuarto día Jorge no podía valerse por sí solo porque su cuerpo ya no reaccionaba.

¿Es cierto que estuvieron en el Canal de Panamá?

– (Parra) Eso fue como al sétimo día. Habíamos recibido mucha lluvia la noche antes y cuando despertamos nos dimos cuenta que estábamos en Panamá. Los oficiales llegaron y nos pusieron unas telas encima, seguro para que nadie viera que llevaban prisioneros amarrados.

¿Y Ferreto cómo llegó hasta un hospital?

– (Parra) Llamaron a unos tipos del ejército, llegaron y se lo llevaron. Nosotros seguimos el camino hasta aguas del Caribe, navegamos como ocho horas y nos encontramos con otra fragata de Estados Unidos e hicieron un cambio de tripulación. Había varios mexicanos en esa barca.

¿Qué pasó después?

– (Reyes) Nosotros ya estábamos a punto de rendirnos, no teníamos fuerza, sin comida, sin hidratación, quemados por el sol y afectados por la lluvia de las noches, entonces les preguntamos a los oficiales la razón por la que no nos llevaban a Costa Rica y nos dijeron que no había habido ninguna negociación con nuestro país. Es decir, no se sabía qué podía pasar con nosotros y eso nos preocupó. 

¿Cómo los trajeron al país?

– (Reyes) La fragata estuvo dos días cerca de Golfito y ni estando ahí nos bajaban. Cuando salimos de Panamá volvieron a subir a Jorge y estaba en peores condiciones, comenzamos a reclamar más y en eso nos dijeron que ya íbamos para nuestro país, pero todo fue peor.

¿Quiénes los recibieron?

– (Mollenkamp) Cuando llegamos había Guardacostas de Costa Rica, PCD (Policía de Control de Drogas) y un fiscal que nos dijo que aunque ya estuviéramos en Costa Rica, hasta no bajarnos del barco de los gringos seguíamos perteneciendo a ellos. Apenas tocamos suelo llegó la defensora y pidieron un paramédico para Jorge, cuando lo revisaron se dieron cuenta de que estaba en pésimas condiciones y lo enviaron al hospital.

¿Ferreto no les hablaba a ustedes?

– (Mollenkamp) Es que él ya no podía hablar, no podía respirar y su estado era cada vez peor. Recuerdo que cuando estábamos ahí, en el muelle, los gringos nos dieron una última comida, un desayuno, eran dos tiras de tocino y una tira de papa frita. Unos muchachos del OIJ (Organismo de Investigación Judicial) compraron una Coca-Cola y galletas para darnos porque la PCD ni siquiera nos hablaba.

¿Cuánto duraron en bajarlos?

– (Reyes) Estuvimos casi cinco horas subidos en la fragata hasta que al fiscal le dio la gana bajarnos, entonces los gringos se fueron y nos pasaron a un calabozo, donde pudimos bañarnos después de seis días. Pero no nos dieron comida, por el contrario, nos mandaron a dormir porque al día siguiente salíamos volando para San José.

¿Ya ustedes habían hablado con la defensora?

– (Reyes) La licenciada Christy Vargas llegó y nos dijo que posiblemente no íbamos a volver a ver a Jorge porque había quedado muy grave en el hospital. Eso fue en la tarde del 1 de mayo, al día siguiente a las 6 a.m. nos estaban llevando a una pista de aterrizaje y el fiscal estaba tomándose fotos con las avionetas detrás. Eso me pareció muy bajo y poco profesional de su parte porque nosotros estábamos ahí aún, sorpresivamente en ese momento llevaron a Jorge otra vez y ahí sí vimos que estaba demasiado grave.

¿Estando en San José qué pasó?

– (Mollenkamp) Nos llevaron con unos señores del OIJ -Cárceles- y un señor nos iba preguntando si estábamos bien o si nos habían golpeado, todos dijimos que no, pero cuando vieron a Jorge inmediatamente exigieron que lo llevaran a un hospital. Cinco minutos después nos contaron que había muerto afuera. 

¿Presenciaron alguna agresión?

– (Parra) Hubo un señor del OIJ que nos preguntó si éramos familia de Jorge y nos dijo que los tipos de la PCD habían tratado mal a Jorge y eso nos indignó más.

¿Qué han sabido?

– (Reyes) No mucho, solo esperamos que se haga justicia, que se apliquen los respectivos procedimientos y que nunca más vuelva a pasar nada igual porque es algo traumatizante.

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