¿Qué significa ser liberal en lo económico y conservador en lo social?

Laura Fernández / Candidata presidencial del PPSO

En un país donde las etiquetas políticas se usan más para dividir que para dialogar, vale la pena detenernos un momento a reflexionar con honestidad: ¿qué significa, en el fondo, ser liberal en lo económico y conservador en lo social?

Para mí, no es una contradicción. Es una forma coherente de entender la libertad con responsabilidad, la dignidad con límites justos y el progreso con raíces.

Ser liberal en lo económico significa defender el derecho de cada persona a emprender, a trabajar, a prosperar sin que el Estado se convierta en un obstáculo. Creo en el esfuerzo individual, en el mérito, en la creatividad que nace cuando a los costarricenses se les deja trabajar en paz. Creo en reducir trabas, en quitarle peso a la burocracia y en permitir que el talento y la productividad florezcan. No porque confíe ciegamente en el mercado, sino porque confío en la gente.

Pero ser liberal va mucho más allá de la economía. Es, ante todo, una visión sobre la dignidad humana. El ser humano no es una creación del Estado: es anterior a él y está por encima de él. Por eso, el Estado no concede derechos: los derechos naturales existen por el solo hecho de ser personas. Lo que le corresponde al Estado es tutelarlos, no otorgarlos ni negociarlos. Cuando un gobierno actúa como si fuera el dueño de nuestras libertades, se convierte en un poder ilegítimo.

Por eso también soy conservadora en lo social. Porque creo que la libertad no puede ser usada como excusa para imponer, desde el Estado, una visión ideológica que contradiga las convicciones de la mayoría. El poder coercitivo del Estado no puede usarse para imponer por la fuerza leyes arbitrarias que ignoran o desprecian los valores que sostienen a la sociedad.

Esto no significa negar derechos a las minorías. Todo lo contrario: las minorías tienen derecho a la igualdad ante la ley, pero no a privilegios mediante la ley. Porque cuando el Estado convierte demandas particulares en privilegios legales, esos privilegios los tiene que financiar alguien. Y el Estado, no lo olvidemos, no produce riqueza: la toma de quienes sí la generan, que son los ciudadanos.

Una cosa es proteger a todos por igual; otra muy distinta es legislar para algunos a costa de todos.

Ser conservadora en lo social es, entonces, una defensa firme de la libertad, pero también de la justicia. Una justicia que no reparte prebendas, sino que protege principios. Una justicia que no responde a la presión de lobbies, sino al mandato democrático y al sentido común.

En tiempos donde los extremos gritan, esta posición puede parecer incómoda. Pero es justamente lo que necesita Costa Rica: una visión equilibrada que entienda que la libertad económica no debe ser excusa para la desigualdad, y que la defensa de valores no debe convertirse en censura.

Yo no tengo miedo de decirlo: soy liberal en lo económico porque quiero un Estado que ejerza eficientemente su rol natural, y es tutelar que los ciudadanos no vean pisoteados sus derechos con leyes que restrinjan su impulso emprendedor y creativo; y soy conservadora en lo social porque creo en una Costa Rica en donde el progresismo no nos imponga una visión ideológica por medio del poder coercitivo del Estado.

No estoy aquí para repetir eslóganes ni para seguir modas ideológicas. Estoy aquí para proponer una visión clara, sensata, valiente: una Costa Rica libre para emprender, y firme para preservar lo esencial. Porque solo así, con libertad y con raíces, este país podrá levantarse y avanzar hacia un futuro verdaderamente humano.