Fecha de publicación:
Fecha de modificación:
El domingo, muchos cerramos el fin de semana enterándonos de que el lunes no había clases porque muchas comunidades estaban anegadas, incomunicadas y era perfectamente entendible que se suspendieran las lecciones en los sitios afectados, pero ¿por qué también a quienes viven en la Gran Área Metropolitana?
Que sepamos, las instituciones de las zonas donde no llovió tanto estaban en buenas condiciones para recibir a los alumnos y seguir el funcionamiento regular. Y, como si fuera poco, cerramos el lunes con las noticias de un “receso lluvioso”, el cual será aplicado por una semana.
Esperamos que esta directriz sea una excepción y no una regla, como ocurrió con el Partido Acción Ciudadana (PAC), pues en la pasada Administración en un principio hicieron así, suspendieron una semana y después, cuando nos dimos cuenta, habían pasado dos años sin que los niños y adolescentes volvieran a clases y es que, lejos de los desbarajustes que debemos hacer los padres para encargarnos de nuestros hijos cuando no están en clases, es totalmente improvisado el querer detener el curso lectivo de esta manera.
¿Qué hacen las familias en que ambos padres trabajan y su red de apoyo para el cuido de sus hijos está en los centros educativos, los CEN-Cinai y las guarderías? Y no es que los padres no puedan hacerse cargo de sus hijos, pero si ellos de manera responsable tienen todo coordinado, no puede ser que de un día para otro cambien las reglas.
Si bien en el sector público dieron la opción de hacer teletrabajo, no podemos tapar el sol con un dedo, los empleados públicos no son tan aficionados a esta modalidad y muchos puestos de trabajo no se prestan para eso. Y con los empleados privados o emprendedores resulta peor… Por ejemplo, una mamá que trabaja en una tienda y tiene varios retoños, ¿cómo hace para laborar en teletrabajo?
El país no aguanta otro apagón educativo más, basta con ir a las aulas y ver lo poco que aprendieron en estos dos años en la casa los menores como para arriesgarnos otra vez a volver a la virtualidad.
Hay que ser realistas. Si todo fuera como en el sector privado, donde siguieron recibiendo lecciones normalmente, hicieron evaluaciones y el mundo no se detuvo, no habría ningún problema, pero ese no es el escenario del sector público.
El rezago tecnológico todos los días nos recuerda que volver a la virtualidad no es la mejor opción, hay niños y jóvenes que pasaron de grado dos años sin haber aprendido absolutamente nada, porque con el cuento de que estaban desde casa no podían reprobarlos.
Aparte, las guías las hacían ahí a tientas, muchos aseguran que estaban hasta mal elaboradas y aún así los profesores se las daban por buenas solo por presentarlas, el acabose del área educativa.
Otro problema de tener a los menores encerrados en la casa son las actitudes que tomaron ahora que volvieron, pues cualquier cosa los altera, la mínima provocación termina en pleito y se presentan a menudo cuadros de ansiedad, trastornos psiquiátricos, sin olvidar los casos de suicidios ocurridos este año en pequeños y adolescentes.
Hay que crear consciencia, si bien tenemos que cuidarnos de los virus respiratorios y tomar las medidas necesarias para que no lleguen tantos niños a los hospitales, nuestros estudiantes del sector público no aguantan un año más de virtualidad.
No improvisemos a ver cómo nos va, las cosas en orden y planeadas siempre salen mejor, porque además del tema del cuido quizá nadie pensó en lo que iba a pasar con estos estudiantes que a diario va clases para poder alimentarse en el comedor, porque en sus hogares no pueden comprar o no tienen para todos.
Al menos 400 mil menores a diario acudían al comedor escolar a hacer sus únicas comidas, pero todos estos días se acostarán con un huequito en su panza porque no los tomaron en cuenta.