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Esa es la pregunta que nos hacemos muchos al ver en las últimas semanas la estampida que se ha dado en la institución, que incluye desde directivos hasta renuncias de gerentes y traslado de personal a otras áreas.
Y es que para abril de 2023 el gobierno anunciaba la intervención del Instituto de Acueductos y Alcantarillados (AyA) y casi cuatro meses después no sabemos cuál fue el resultado o si es parte de lo que vemos ahora.
Lo más preocupante consiste en que gente con alta credibilidad y que viene de adentro nos hable de la existencia de una crisis, la cual lejos de resolverse cada día empeora.
Creemos que si hay hechos turbios deben denunciarse ante las autoridades correspondientes, pero se callan temas que pueden afectar al resto de la ciudadanía.
Cómo se puede tomar el hecho de que la funcionaria designada para la reestructuración de la entidad deje el cargo, o le hayan pedido que lo abandonara, a tan solo una semana de que una directiva encendiera las luces de alarma.
Hasta ahora nadie sabe qué es realmente lo que ocurre y por qué se han dado movimientos tan constantes en puestos que se encargan de la toma de decisiones.
Lo más delicado de todo es que se trata de personal en puestos claves. No quisiéramos pensar que el ambiente está tan pesado que resulta imposible laborar en la institución.
En su momento se dijo que la intervención era para coordinar múltiples acciones donde participarían desde la Presidencia de la República hasta el Ministerio de Obras Públicas y Transportes.
Se habló de un ajuste en la estructura organizacional e incluso de elevar al Ministerio Público todo hallazgo que pueda significar delitos contra la Hacienda Pública.
La pregunta es si existía un plazo para que nos dieran a conocer el resultado de estas averiguaciones. En el peor de los escenarios, no quisiéramos pensar que la gente que se fue justo lo hizo por encontrar cosas aún más graves.
De la información que ha trascendido, se sabe que hay una denuncia contra exmiembros de la junta directiva de esta institución, pero nada más. Esperamos que en el AyA no ocurra como en la Caja Costarricense de Seguro Social donde la propia presidenta, Marta Esquivel, ha dicho que los mandos medios no dejan trabajar.
Al final de cuentas todo esto es importante porque es una institución dedicada al servicio público y como tal debe de rendir cuentas. Como sabemos, ya se reflejaron problemas de facturación que podrían ser parte del propio desorden interno.
Sin duda han sido unas semanas movidas. Nos referimos a las renuncias de Beverly Hernández y María Fernanda Morales como parte de la Junta Directiva.
Ambas se marcharon del AyA tras oponerse rotundamente a la aprobación de un proyecto, sin multas ni penalidades, del tanque en la Uruca que será de los más grandes en Costa Rica.
Sin contar que hace más de un mes renunció Pamela Castro a la subgerencia de Sistemas Periféricos, después de lanzar críticas a la administración de Alejandro Guillén. Ahora es María Gabriela Vallejo a la que cambiaran de puesto.
Es por todo esto que nos preguntamos ¿qué pasa en el AyA?