¿Qué mensaje está enviando Daniel Ortega?

Opinión

El tiempo corre y las presiones geopolíticas contra la dictadura se incrementan y se posicionan en una cerca cada vez más fulminante sobre los días que le van quedando al régimen.

Si no revientan en el solar patrio con tantos cuestionamientos elevados a los pocos medios de prensa independientes que subsisten desde la diáspora o en redes sociales, estos pueden salpicar desde la arena internacional, ya sea desde los escupitajos denunciatorios de Nicolás Maduro en una cárcel neoyorquina, o bien en cenáculos de la alta política europea o washingtoniana, todos ellos directos a la yugular establecida en Managua, en el reparto El Carmen.

Pero ahora ha saltado otra señal desde el púlpito liberal constitucionalista (PLC), esta vez de su presidenta María Haydée Osuna, “promoviendo” reformar estatutos internos, dando a entender que se debe estar preparados para las elecciones de este 2026.

En un reciente video informativo de “Darío Medios Internacional”, aparece dicho personaje, aliada al orteguismo, dirigiéndose a la cúpula partidaria pactista, pidiéndole a sus atentos y obedientes correligionarios prepararse para las elecciones presidenciales en 2026.

Esto no es accidente del destino fatal ni travesura mediática ni agenda libérrima. Este es un evidente mensaje que está enviando Daniel Ortega para ganar tiempo, edulcorando el fétido ambiente que se respira en la Nicaragua violentada, viéndose ya, sin remedio, en la necesidad de convocar a elecciones presidenciales este 8 de noviembre próximo.

En medio de estas crecientes presiones internacionales, denuncias persistentes sobre violaciones a los derechos humanos, sobre vínculos con el narcotráfico internacional y el progresivo aislamiento diplomático, el régimen continúa invernando en la incertidumbre sobre la eventual celebración de elecciones este año. Por eso, la pregunta es inevitable: ¿qué está tratando de comunicar Daniel Ortega?

En varias ocasiones, este, en sus discursos cargados siempre de envenenados probióticos contra el imperialismo norteamericano, entre líneas, ha dejado entrever vías de cara a un diálogo político.

El mensaje parece operar en múltiples niveles, particularmente en Estados Unidos. Washington ha incrementado la presión a través de sanciones, restricciones financieras y aislamiento diplomático. Sin embargo, la historia reciente demuestra que el régimen aprendió a convivir con estas medidas, adaptando sus movimientos tácticos sin alterar el núcleo de su control político, lo que empezó a cambiar con el conservadurismo accionario de Donald Trump, sobre todo con la alianza “Escudo de las Américas” y la estrategia hemisférica de seguridad nacional que mapea nuevos escenarios geográficos con visión integracionista continental y anticomunista y anti progress.

El mensaje implícito podría leerse de varias formas, entre estas como una apertura en la que el régimen jugará sus cartas, dispuesto a asumir las consecuencias de ganar o perder, sabiendo las crudas consecuencias de una cárcel ingrata al estilo Maduro. Él, Ortega, sabe que perderá, pero también sabe que perdiendo gana. Y mucho. Lo sabe bien, pero también lo sabe el pueblo nicaragüense y el mundo entero.

Al mismo tiempo, el mensaje telegrafiado —Osuna-PLC— introduce otro elemento relevante: el de la persistencia de actores políticos que, aunque debilitados, siguen intentando reinsertarse en el escenario nacional. Sin embargo, de contar con condiciones reales de competencia, su puntaje electoral se reduciría al máximo, aun contando con las cuotas de poder que se desprendan de su socio, el partido gobernante. Si es que ke cumplen.

La gran interrogante, entonces, no es solo si habrá elecciones, sino qué tipo de elecciones podrían celebrarse en el contexto actual. ¿Un proceso auténtico de apertura democrática? ¿Una simulación destinada a aliviar presiones externas? ¿O simplemente una nueva fase en la consolidación de un modelo autoritario?

Para los nicaragüenses de dentro y del exilio, el que haya elecciones este año representa una seria oportunidad para salir de la dictadura, si además de las condiciones que impondrán la geopolítica estadounidense, el pueblo se vuelca a las urnas.

Esta interpretación, sin embargo, podrá cambiar si la ciudadanía es capaz de no dejar únicamente el destino del país en manos de la geopolítica estadounidense, sino de echarse al hombro el valioso patrimonio humano, personal y político, volcado en el aporte ciudadano y patriótico para forzar este proceso electoral y hacer de él la llave oportuna que conduzca a la libertad, el retorno y la democracia bajo el tapiz de una gran unidad política. ¿Quién dijo miedo?