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La injerencia humana en el sistema climático mundial dejó de ser objeto de debate y ahora se acepta como un hecho científicamente comprobado. Nuestras emisiones de gases de efecto invernadero están causando un incremento en la temperatura global y con esto, afectaciones a los sistemas climáticos y ecológicos del planeta.
William Nordhaus, recién ganador del Premio Nobel de Economía por su trabajo sobre la economía del cambio climático, fue el primero en sugerir que la temperatura media mundial no debía subir más de 2°C con respecto a niveles preindustriales o las afectaciones al clima serían devastadoras.
Con el tiempo este límite de 2°C se convirtió en el referente internacional y se ha usado desde entonces para generar políticas públicas y establecer metas de reducción de emisiones.
Sin embargo, tras estudios científicos más especializados, se ha determinado que varios países bajos no sobrevivirían el aumento en el nivel del mar que un incremento de 2°C ocasionaría, por lo que lo ideal sería limitar el incremento de temperatura a 1.5 grados centígrados.
Acorde a esto, el Acuerdo de París, el tratado internacional que pretende comprometer a los países a reducir sus emisiones y aplacar los efectos del cambio climático, estableció, en el 2015, que los Estados deben tomar medidas para mantener el incremento de la temperatura “muy por debajo” de 2°C y “proseguir esfuerzos” para limitar ese aumento a 1.5°C.
Tras la firma de dicho acuerdo, los países solicitaron un estudio especial al Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático para determinar los alcances prácticos de esta diferencia en las metas y la viabilidad de alcanzar la meta de 1.5°C. El estudio fue publicado hace menos de un mes, y sus resultados no son prometedores.
De acuerdo con el estudio, un aumento de 2°C ocasionaría que un 15% de los ecosistemas en el mundo se transformaran a otro tipo de ecosistema, haciendo, por ejemplo, que el bosque tropical seco pasara a convertirse en un desierto, mientras que con un aumento de 1.5°C solo un 7% o un 6% de los ecosistemas cambiarían.
Sin duda, el ecosistema más afectado serían los corales, ya que un aumento del 2°C ocasionaría la extinción completa de los corales alrededor del mundo, mientras que un aumento de 1.5°C permitiría que entre un 10-30% de los corales sobrevivan.
Con un aumento de 2°C la seguridad alimentaria estaría en riesgo, la escasez de agua incrementaría, y se prevé que varios cientos de millones más se verían arrastrado a un estado de pobreza inducida por el clima. Además, el límite de 2°C implicaría que el nivel del mar crecería unos 10 cm más que con el de 1.5°C, afectando a millones más de personas que podrían convertirse en desplazados climáticos a causa de inundaciones.
Al ritmo al que estamos emitiendo CO2 actualmente, las predicciones apuntan a un incremento de 3°C en la temperatura del planeta. Medidas extremas tendrían que ser tomadas para limitar el aumento a 1.5°C: un 75% de la electricidad mundial tendría que ser producida por fuentes renovables, prácticamente todos los vehículos tendrían que pasar a ser eléctricos para el 2050 y todos los humanos tendríamos que cambiar nuestra dieta y reducir radicalmente el consumo de carnes.
El estudio asegura que aún es posible alcanzar dicha meta, salvar a los corales de extinción y salvarnos a nosotros mismos. Pero debemos actuar ya.