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Por Lic. Karen Ibarra Cuevas, Decana Facultad de Nutrición, UCIMED
Hoy parece que todo tiene proteína: yogures, cereales, panes, galletas, helados, cafés y hasta palomitas. La proteína es un nutriente esencial. Participa en la formación y reparación de músculos, hormonas, enzimas y del sistema inmunológico. Sin embargo, más proteína no siempre significa más salud.
La Organización Mundial de la Salud recuerda que una alimentación saludable se basa en el equilibrio, la variedad y la moderación, y que las necesidades de proteína cambian según la edad, el peso, la actividad física y el estado de salud de cada persona.
Un adulto sedentario no necesita la misma cantidad que una atleta, una mujer embarazada o una persona adulta mayor. Consumir proteína “por si acaso” o porque un producto la promociona no ofrece beneficios adicionales para la mayoría de las personas. De hecho, muchos adultos ya alcanzan sus requerimientos diarios con una alimentación balanceada.
Aquí está el punto importante, un producto alto en proteína puede seguir siendo un ultraprocesado. Algunas barras, cereales, bebidas o snacks enriquecidos contienen azúcares añadidos, grasas saturadas, sodio o una larga lista de ingredientes, aunque aporten 20 gramos de proteína. El sello “alto en proteína” no elimina esos componentes ni convierte al producto en una mejor elección nutricional.
Antes de comprar, haga una pausa y lea la etiqueta completa.
Pregúntese: ¿cuánta proteína aporta por porción? ¿Cuánto azúcar, sodio y grasa contiene? ¿Qué tan larga es la lista de ingredientes? La respuesta le dirá mucho más sobre la calidad del alimento que una frase grande en el empaque.
La mejor estrategia sigue siendo la más sencilla, obtener la proteína principalmente de alimentos como frijoles, lentejas, garbanzos, huevos, pescado, pollo, lácteos o semillas, acompañados de frutas, vegetales y granos integrales. Así también se obtiene fibra, vitaminas y minerales que muchos productos enriquecidos no aportan.
La proteína es importante, pero la alimentación saludable no depende de un nutriente aislado. No compre un alimento solo porque dice “alto en proteína”; compre uno que también sea de buena calidad nutricional y que responda a sus necesidades, no a las tendencias de las redes sociales.