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Los agricultores costarricenses que cosechan cebolla para el consumo nacional cuentan con costos de ₡420 por kilo, mientras que los comerciantes ofrecen por la hortaliza un monto de ₡220.
Esto deja a los productores nacionales con pérdidas al finalizar el proceso de cosecha.
“En esta cadena de la cebolla, el único que está perdiendo es el agricultor. Porque si usted le agrega, además, la importación de cebolla que se ha dado, no ha bajado el precio al consumidor”, señaló Germán Morales, investigador de la firma Grant Thornton.
Además, la creciente importación, superior a las 13 mil toneladas en los últimos dos años, trae consigo riesgos sanitarios como el hongo carboncillo, que deteriora el producto y afecta la salud de las personas.
En Costa Rica, más de 2.500 familias dependen directamente del cultivo de cebolla. Se produce principalmente en Zarcero, Cartago, Santa Ana, Guanacaste y zonas del Valle Central.
“Hay que defender la producción nacional cuando está en juego nuestra supervivencia. Porque esto no se trata solo de cebollas: se trata de soberanía alimentaria, de empleo rural, de desarrollo local y de justicia para quienes alimentamos al país”, comentó Gilda González, vocera de la Asociación de Horticultores del Irazú.
