
Con motivo de la celebración del 34 aniversario de la “Proclama de Neutralidad” del expresidente Luis Alberto Monge Álvarez, cualquiera que indague la historia costarricense podrá darse cuenta de algo que constituye una constante de nuestra nacionalidad: la vocación por la paz y el arreglo civilizado de las controversias y el rechazo a participar, hasta donde ello sea posible, en conflictos y acciones bélicas, cuando estas se originan en problemas allende nuestras propias fronteras.
La anterior no es una afirmación gratuita. Desde los lejanos inicios de la independencia, los costarricenses mostraron una sorprendente tenacidad en tratar de resguardar su propia paz interior, permaneciendo al margen de los conflictos externos y alejados de la turbulencia que ya empezaba a arrastrar a los demás pueblos de Centroamérica.
La lección es clara: Costa Rica no ha sido nunca neutral en la lucha entre el despotismo y la libertad. Los costarricenses siempre hemos sido, somos y seremos decididos partidarios de la libertad. En lo que hemos procurado permanecer neutrales ha sido en cuanto a los conflictos bélicos de otros, siempre y cuando estos no pongan en peligro a nuestro pueblo. Don Luis Alberto consagró formalmente un principio y una práctica consustancial a la tradición del pueblo costarricense en materia de las relaciones exteriores, cuando la afirmación de tal principio era de la mayor importancia, visto el clima de guerra, violencia y muerte que hace 34 años azotaba a Centroamérica y que amenazaba desbordarse hacia nuestro país.
Con sentido común, con patriotismo, pero, sobre todo, con profunda fidelidad a la tradición nacional, don Luis Alberto supo manejar una situación delicadísima, en uno de los momentos álgidos de enfrentamiento de las superpotencias soviéticas y Norteamérica con el contexto de la Guerra Fría, salvando así a nuestro pueblo de la hecatombe que afligió a los vecinos y del cual aún tratan de recuperarse.
Los costarricenses debemos sentirnos orgullosos del sentido histórico y de la visión que representó la “Proclama de Neutralidad” del expresidente Monge, que se adelantó en varios años al fin de la Guerra Fría y al fracaso del comunismo. Y que constituyó precedente del “Plan de Paz” del expresidente Arias Sánchez, brindándole a Centroamérica la oportunidad de empezar a construir la paz y a Costa Rica entera un lugar de respeto en el concierto de las naciones civilizadas por su aporte sustantivo a ese esfuerzo.
*Economista