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Ha sido escogida por el Movimiento Libertario para encabezar la papeleta diputadil por Guanacaste, una mujer líder por derecho propio, quien a pesar de no ser originaria de la provincia ha dedicado lo mejor de su sensibilidad humana y de su preparación académica exquisita, una vez trasladada a este territorio, nueve años ha, para ejercer la abogacía y emprender alternativas empresariales, para ponerlas al servicio de las causas más nobles en beneficio del desarrollo económico, social y cultural paritario de la jurisdicción.
Esa entrega, que la cimentó especialmente desde la trinchera de presidenta por varios años de la Cámara de Turismo de Guanacaste, no estuvo imbuida por ningún cálculo político electoral, sino solo por el de servir sin más a los grupos que, en su visión, son claves para apuntalar el despegue hacia estadios superiores de bienestar.
Su espíritu de servicio, capacidad de escucha y apertura intelectual no estuvieron condicionados a ataduras temporales, doctrinarias y coyunturales de partido político, institución pública o privada o gobierno de turno alguno, aunque esas características personales le permitieron tender puentes de entendimiento con actores de distinto signo social, ideológico, administrativo y político, que sin estar exentos de defensa y firmeza de principios y de reclamos legítimos cuando hubo necesidad de hacerlo, allanaron el camino de la desconfianza, las reservas y las percepciones iniciales de los interlocutores para pasar al del diálogo, la colaboración, el apoyo y la negociación transparente, que derivó en que la discusión de temas álgidos y urgentes, pero largamente postergados, para el desarrollo de la provincia, como el agua para el consumo humano, los servicios y la producción agropecuaria, la educación formal, la capacitación competitiva, inversiones, empleo, caminos y la equidad de género, fueran elevados a la categoría de agendas permanentes y públicas en el imaginario regional y de país, reforzadas mediáticamente a través de su voz y personalidad convincentes o de la pluma cómplice de no pocos medios de difusión masiva de proyección local y nacional, que hicieron eco y abrazaron sus prédicas.
Vista como “vocera del alma guanacasteca” por sus encuentros frecuentes con el gobierno, la empresa privada, las municipalidades y organizaciones de base, y empoderada de su misión por encima de veleidades circunstanciales y de cortedad de miras, concitó la atención de los poderes públicos y regionales, representados en las figuras del Presidente de la República, de ministros y ministras, de alcaldes y alcaldesas, del funcionariado de niveles gerencial y medio de instituciones desconcentradas, de ejecutivos de la empresa privada y de líderes comunales, y, ahora, de un partido político, cuyo mismísimo fundador, el señor Otto Guevara, quien siguió de cerca la evolución pública de Priscilla Solano en Guanacaste, le propuso ocupar el primer lugar en la papeleta para diputados y diputadas.
Su gran trabajo sin duda no pasó inadvertido para propios y extraños. Parafraseando al barón Carl von Clausewitz, teórico militar austriaco del siglo XIX, quien dijo que “la política es la continuación de la guerra por otros medios”, para Priscilla su participación, por primera vez, en la política electoral es la “continuación de su misión por otros medios”.
De llegar a la Asamblea Legislativa tendrá la oportunidad histórica de poder ayudar más y mejor, con el concurso de su fracción y el de las otras, a través de proyectos de ley que negociará y presentará o del seguimiento a leyes existentes, a que su amado Guanacaste se redima de su pesado lastre y abandono. Será “guiada” por la única ideología que vale: la de la solidaridad para con aquellos que buscan y necesitan una mano para salir adelante.
Ella, integrante de una generación de mujeres costarricenses valientes, preparadas académica y socialmente, liberadas de los estereotipos sexuales, dispuestas a luchar contra lo considerado establecido e inmodificable, reproducirá de nuevo el “Grito de Vargas” escuchado en la pampa guanacasteca durante la década de 1930 para reclamar el apoyo del gobierno de la época. Un renovado pero estentóreo “grito” recorrerá la sabana chorotega y será escuchado, por “segunda ocasión”, no solo por los “tradicionales” grupos excluidos de su provincia sino también por la clase política de este país.
*Politólogo y administrador