La presidenta del Tribunal Supremo de Elecciones (TSE), Eugenia Zamora Chavarría, recibió este miércoles el Premio Rodrigo Facio Brenes 2026, máxima distinción que otorga la Universidad de Costa Rica (UCR).
El Premio Rodrigo Facio Brenes, se otorga a personas cuya trayectoria profesional representa aportes de trascendencia para el desarrollo y el bienestar nacional.
La entrega del galardón se llevó a cabo durante la sesión solemne del Consejo Universitario en conmemoración del 86. ° aniversario de la institución, realizada en la Sede del Caribe, ubicada en el cantón central de Limón.
La Comisión Dictaminadora destacó en la señora Zamora: “un ejemplo de compromiso con la democracia, la igualdad, la participación ciudadana y el fortalecimiento de las instituciones públicas costarricenses”. Además, resaltó que “transmite un mensaje institucional de defensa de la democracia, la institucionalidad pública, la igualdad y el Estado social de derecho, valores fundamentales en el actual contexto socio político del país”.
La jerarca expresó en su discurso:
“Nunca antes el Tribunal Supremo de Elecciones había debido enfrentar durante una campaña electoral una ofensiva de desinformación y descrédito de semejante intensidad. Se pusieron en duda procedimientos, se sembraron sospechas, se intentó erosionar la confianza en la institución y en el proceso electoral”.
“Y, sin embargo, la ciudadanía costarricense respondió. La confianza expresada en los resultados y la valoración positiva de la gestión electoral, tal y como acreditaron IDESPO, Borge y Asociados, y el CIEP, demostraron que décadas de credibilidad institucional no desaparecen fácilmente cuando han sido construidas con independencia, profesionalismo, transparencia y apego a la ley”.
“Pero aquella experiencia me dejó también una inquietud: Las democracias pueden tener excelentes leyes. Pueden contar con tribunales independientes. Pueden organizar elecciones técnicamente impecables. Y aun así ser vulnerables. Porque la democracia necesita algo que ninguna ley puede producir por decreto: ciudadanos capaces de pensar”.
“Por eso las universidades importan tanto. No solamente porque producen profesionales. No solamente porque investigan y hacen acción social. No solamente porque generan innovación. Las universidades son esenciales porque preservan socialmente el derecho a preguntar”.
“A preguntar incluso aquello que incomoda. A someter las afirmaciones a evidencia. A distinguir una opinión de un hecho. A cambiar de parecer cuando las razones así lo exigen. A convivir con la incertidumbre. A escuchar a quien piensa diferente. Y a comprender que reconocer que uno puede estar equivocado no es una debilidad, sino una de las formas más profundas de la inteligencia”.
“Hoy esa misión tiene una urgencia extraordinaria. Nunca habíamos tenido acceso tan rápido a semejante cantidad de información. Y, paradójicamente, quizá nunca había sido tan necesario aprender a discriminar entre conocimiento y apariencia de conocimiento”.
“La desinformación no necesita convencernos a todos. Le basta, a veces, con sembrar la duda o la insidia. Le basta con conseguir que una parte de la ciudadanía llegue a pensar que ya no es posible distinguir lo verdadero de lo falso; que todos mienten; que toda evidencia es manipulable; que toda institución es sospechosa; que el conocimiento experto es apenas una opinión más”.
“Cuando eso ocurre, la víctima final no es únicamente la verdad. Es también la democracia. Porque la democracia necesita desacuerdo, pero necesita también un suelo compartido sobre el cual podamos estar en desacuerdo. Podemos discrepar sobre las políticas públicas. Podemos discrepar sobre los gobiernos. Podemos discrepar sobre nuestras prioridades como sociedad. Pero necesitamos poder reconocer hechos, reglas e instituciones comunes que hagan posible tramitar esas diferencias sin destruirnos”.
“Sin ese suelo, el adversario termina convertido en enemigo. La conversación se transforma en grito. Y la política, privada de razones compartidas, vuelve a sentir la tentación de la fuerza bruta”.
“Por eso quisiera proponer esta tarde una idea que resume mucho de lo que he aprendido a lo largo de mi vida: la democracia solo da sus frutos de emancipación y autorrealización humana, de convivencia fraterna y protección del débil, en el surco arado por las ciencias, las artes y las humanidades. No hay verdadera democracia sin ciudadanas y ciudadanos capaces de ejercer críticamente su libertad. Y no hay libertad plena cuando carecemos de las herramientas intelectuales necesarias para comprender el mundo en el que debemos decidir”.
