Prepararnos para lo impensable…

Opinión

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Gloria Bejarano

Ex primera dama

Mientras escuchaba las noticias me preguntaba si la paz mundial se encuentra en grave riesgo y cómo, lejos de avanzar, la humanidad parece retroceder en tantos aspectos como si no hubiéramos aprendido nada de las dolorosas lecciones que nos han dejado las guerras, la violación a los derechos fundamentales, el holocausto, los genocidios, la propagación del odio y la intolerancia…  amenazas que toman fuerza ante la pasividad, la ignorancia, la indiferencia, el fanatismo, el temor o la complacencia de quienes no dimensionan el peligro de una conflagración. 

Según el Índice de Paz Global el planeta se encuentra en su nivel más bajo desde la Segunda Guerra Mundial; la ONU señala, entre otros factores, como responsables de estas cifras, el aumento de los conflictos violentos, las tensiones geopolíticas, el crecimiento de la militarización y el impacto que tiene sobre los países las crisis del agua, la pobreza extrema y el cibercrimen. En Costa Rica, no enfrentamos tensiones geopolíticas y no tenemos ejército, lo cual es en sí una bendición, pero si tenemos que poner atención a la pobreza, a la brecha educativa, el cibercrimen y una creciente actitud de intolerancia y violencia ajena a la idiosincrasia del costarricense, ente otros problemas.

Costa Rica ha sido reconocida en el mundo por sus valores democráticos, su cuido a la naturaleza, sus programas de índole social, por su legislación laboral y la atención medica universal; pero sobre todo por haber logrado la paz social mientras la región se debatía entre la pobreza, la injusticia social y la inequidad.  

El proceso no fue sencillo, la construcción de la nación debió pasar por muchos enfrentamientos y conciliaciones, particularmente después de una guerra civil que a pesar de su corta duración dejó diferencias y odios, porque los conflictos, sean armados o no, lo único que dejan es división, rencor, violencia, revanchismo e intolerancia, mismos que fueron superados gracias a la idiosincrasia de un pueblo que prefirió recurrir al dialogo, el perdón y la concertación para rescatar lo mejor de pasado y proyectarlo con nuevas propuestas… así se consolidó el Estado Social de Derecho que nos ha dado paz social por más de 80 años, así se consolidó la democracia, así se forjó una nación ejemplo en el mundo.

Nuestro país no es perfecto, hemos cometido muchos errores, todos nos hemos equivocado y nuestras faltas habrán afectado al país, a nuestra familia, a las instancias para las cuales laboramos, al sistema… pero hemos podido vivir con tranquilidad, hemos sido solidarios, hemos enmendado errores y creado instancias que nos han permitido ubicar a Costa Rica entre las naciones con mejores índices de salud y educación, nuestras universidades públicas son reconocidas en toda América, nuestra democracia es respetada, la cultura ha florecido y donde quiera que uno va, la gente expresa admiración por nuestra patria.

Hoy, sin embargo, tenemos serios desafíos que debemos atender en lugar de fomentar la confrontación, la división, la violencia y seguir el ejemplo de quienes antepusieron sus diferencias, promovieron la unidad nacional, practicaron el respeto y buscaron la concertación y el dialogo ante las amenazas del momento.    Como ciudadanos del mundo enfrentamos amenazas, basta escuchar lo dicho en la Asamblea de la ONU para entender que la humanidad está en grave riesgo de perder la paz y  las consecuencias serían devastadoras. Y me pregunto: ¿cómo nos estamos preparando para ese escenario?  Zelenski, entre otras denuncias, hizo un llamado para controlar la producción y uso de drones con IA, Dinamarca alertó sobre ataques coordinados con drones y se advierte además su uso por los carteles.  

¿Hemos valorado las amenazas que nos acechan? Costa Rica, por increíble que parezca, sufriría las repercusiones de la perdida de la paz, con el desabastecimiento de granos, medicamentos y víveres o con la llegada de armas como los drones y debemos prepararnos, legislar y unirnos para fortalecer las instituciones públicas y privadas, especialmente aquellas que brindan salud, imparten educación, desarrollan programas de solidaridad, imparten justicia o protegen y cuidan a la población de la violencia, sin olvidar las que promueven la producción agrícola que garanticen la seguridad alimentaria. 

No podemos permanecer ajenos a esta realidad, no podemos ignorar la responsabilidad de velar por el futuro de nuestros hijos y nietos… prepararnos para lo impensable debe ser prioridad.