
La única mujer que fue retenida por un grupo de privados de libertad de Máxima Seguridad de La Reforma aquel 11 de mayo del 2011 y que logró sobrevivir a un mortal tiroteo, reveló detalles inéditos de lo sucedido.
Se trata de Luisa Alfaro, quien se desempeñaba como secretaria en el ámbito de mayor contención del país y que hasta ahora conversa con un medio de comunicación para dar a conocer su testimonio de cómo se libró de la muerte.
“Eran como las 2 p.m. estaba tomando café sola, cuando vi que entró alguien que creí era un compañero que acostumbraba hacer bromas y hasta se disfrazaba, pero no, se trataba de un privado de libertad que llegó con un pañuelo tapándose de la nariz para abajo y con un arma de fuego que pensé que era de juguete ya que era muy pequeña.
Me dijo que era un secuestro que me tirara al suelo, pero yo me reí en su cara, salió de la oficina y se fue, no me asustó y en eso escuché los nombres de los privados, sabía quiénes eran porque archivaba sus documentos, y unos disparos afuera, por lo que me metí debajo del escritorio, estuve más de media hora metida ahí debajo hasta que llegó otro privado”, recordó.
Esta funcionaria agrega que la agarró muy fuerte de la muñeca hasta que le hizo un morete.
“Me sacó de donde estaba, mientras me decía que colaborara y me llevó hasta un baño donde estaba esposado el director del penal, Ronald Herrera; el trabajador social, Félix Castro y el resto eran oficiales de seguridad.
Me pusieron a negociar con Herrera, me dieron un radio de comunicación y los privados me decían que les dijera que les tuviera un bus listo con las llaves, también me pusieron a llamar a mi familia para que se comunicara con la prensa, ellos llevaban varios celulares, y después de media hora nos sacaron del baño. Llamé a una hermana, pese a que ya sabían que yo iba como rehén, se enteraron por las noticias”, detalló.
Alfaro manifestó que varios privados corrieron buscando gente, mientras uno la vigilaba, y le decía que iban a empezar a matar gente si no bajaban para escapar.
“Llevaba una esposa en una mano y en la otra unas tiras de tela de sábana y nos fueron amarrando en círculo. Lanzaron unas bombas aturdidoras y varios disparos.
No tenían claro quienes se iban a fugar, unos no se animaban y otros los invitaban a irse, decían que cuántos se iban, eran 68 privados de libertad y la mayoría salieron de sus celdas”, acotó.
VOZ DE MANDO
Según esta funcionaria, Johel Araya era el que decía que no le hicieran daño a nadie, luego de que uno de ellos le tocó la cara y le dijo que vieran lo lindo que se había encontrado.
“Johel dijo que el único objetivo era salir sin hacerle daño a nadie. Mi billetera la trajeron y había dinero y uno de ellos decía, guila voy a coger esto, otro dijo que le prestara la plata y Johel le respondió que eso no lo iban a necesitar y tiró mi billetera por otro lado. Le hacían mucho caso a él.
Me dejaron esposada mientras traían a otro compañero que era el que iba amarrado con mi otra mano, Johel tenía el radio que le quitó al director del penal y se comunicaba con otros privados eran los que amarraban”, explicó.
Luisa Alfaro, con sus ojos brillosos, recuerda que lo que hablaba Johel era que necesitaba llevarlos a todos hasta puesto 1 (entrada principal de la cárcel).
“Y de ahí iban a liberar a todos, menos al director, supervisor y al inspector, decían que iban a negociar.
Cuando Johel pregunta que si faltaba alguien nos sacan del baño y empezamos a caminar todos amarrados, era muy incómodo, se toparon un compañero que no estaba amarrado y como no había tiempo lo llevaron apuntando con un cuchillo hechizo, por lo que empezamos a subir por un pasillo que hay entre Máxima Seguridad y Mediana Cerrada”, indicó.
DEBAJO DE
ESCRITORIO, REZÓ
La secretaria del ámbito más peligroso dice que habían cerrado los candados que tenían los portones y, con el arma que llevaban, dispararon para romperlos.
“Así fue como fueron saliendo hasta donde sacaban la basura y ahí hicieron un hueco en la malla con una cegueta que llevaban en las medias, por ahí nos sacaron, pero ya nos estaban esperando los grupos de choque de los diferentes cuerpos policiales.
Desde que me metí debajo del escritorio empecé a rezar, me quité los lentes porque se me empañaron de las lágrimas, pensaba en mis dos hijas, la menor tenía en ese entonces un año y la otra de cinco años, pensé que me pasaría lo peor”, acotó.
Esta valiente mujer que rompe el silencio con el Periódico del Pueblo agrega que escuchaba los teléfonos que no paraban de sonar y no podía contestarlos.
“La sábana la ponen antes de salir al portón principal, era de un privado de libertad, hecha con pedazos de tela que pegaron. Éramos 14 funcionarios y 9 privados de libertad, dentro de ese grupo venía Erling Hurtado, lo sentí colado, iba acatando lo que le dijeran.
Se me hizo eterno, era la única mujer, pensé que era mejor morir que ser violada por todos los privados de libertad, que uno no sabe qué tienen, fueron horas eternas. Estaban preocupados y a uno de ellos se les disparó un arma y se arrancó un dedo, lo que hizo que se enojara mucho y dijera que como estaba jodido ahora iba a joder a alguno”, recordó.
Esta funcionaria que estuvo retenida por estos delincuentes agregó que los reos estaban estresados y empezaron a amenazarlos.
“Nos pudieron una granada en la espalda y que dijéramos a las autoridades que tuvieran listo el bus con las llaves para irnos todos.
Días previos a la fuga y el propio día no escuché ni vi nada extraño, de lo contrario me hubiera ido para otro lado. Ese día no se escuchó nada, no los vi inquietos, todo transcurrió con normalidad”, recordó.
ESCENA IMBORRABLE
Luisa Alfaro recuerda que el oficial penitenciario que falleció estaba muy cerca de Erling Hurtado.
“Los que estaban de frente en la sábana eran el director, el supervisor y el trabajador social, otro compañero y yo estábamos a un lado de un oficial de seguridad, tenía esposas, yo tenía una tira que se reventó.
Durante el recorrido me caí, andaba zapatos tipo plataformas y cuando se armó el tiroteo los compañeros de seguridad me arrastraron, todos corrieron, eso fue lo que me liberó de las balas. A los días vi mis zapatos y tenían un agujero de una bala”, detalló.
Esta funcionaria denuncia que los pegaron contra una malla y que antes de ponerse de pie, la policía actuó muy violenta.
“Me pegaron un puñetazo por la frente, nos dijeron que estábamos involucrados en la fuga y me pusieron de espalda a lo que estaba pasando, golpearon un compañero, les decíamos a los oficiales del grupo de choque que era un compañero que no lo golpearan.
Ahí fue donde me percaté de que me había salvado de morir, me senté y un oficial me dijo que tranquila que pensara en mi familia, nos dieron la oportunidad de hacer una llamada, una muchacha del OIJ me apartó de la escena para tomarme la declaración de lo sucedido, pero antes le pedí que me dejara ir al baño”, detalló.
La única mujer que los reclusos tomaron de rehén manifestó que fueron cuatro horas muy tensas que jamás olvidará.
“Posteriormente me llevaron al hospital de Alajuela para descartar alguna herida, ya que por la adrenalina no sentía nada, llegaron a preguntarme si me habían abusado, les dije que no.
Ver compañeros muertos me puso muy triste, en el hospital hablé con dos de los heridos y una vez que llegué a casa no dormí. Al otro día tenía que ir al INS a valoración ya que andaba en shock, fueron días terribles”, recalcó.
PASÓ POR DONDE ASUSTAN
Volviendo a la misma escena donde marcó su vida para siempre, esta valiente mujer asegura estar fuerte y recuperada de esa mala experiencia.
“Un día tembló y una señora que estaba en el banco me dijo que si no tenía miedo y le dije que después de lo que me había pasado no le tengo miedo a nada. Estuve un mes incapacitada por el INS, me dejaron en una lista de espera para psiquiatría y han pasado 11 años y nunca me llamaron.
Cuando me dieron de alta me trasladaron a otro centro penal, estuve casi 7 años laborando como secretaria. Para salir adelante por el trauma me puse a estudiar y saqué recursos humanos, hice práctica y volví hace 3 años a La Reforma después de haber ingresado en el 2008”, acotó.