
En un noticiero nacional el 12 de mayo, se extendió por parte de una de las presentadoras y en breve entrevista, supuestamente testimonial, a una periodista de nombre María Fernanda, y cuyo apellido no alcancé a registrar, una información sobre la educación a distancia y virtual, la cual dejó la sensación de que dicha modalidad educativa es por sí misma mala e inconveniente para obtener una calidad pertinente y necesaria de formación que precipitadamente están recibiendo los niños de primaria, jóvenes de secundaria y alumnos de la educación superior, en estos tiempos de pandemia.
La educación a distancia y virtual o virtual y a distancia, como quiera decirse, acumula y enfrenta una significativa historia de dificultades, logros e incomprensiones obvias, al percibirse confrontada con una cultura de centenares de años de educación presencial conductualizante, dificultades, logros e incomprensiones que es digno y necesario conocer suficientemente para poder acreditar criterios acertados responsables y congruentes con su naturaleza, dispendiosidad y realidad.
No es posible que por desconocimiento, inexperiencia y centrados en hechos aleatorios simples y surgidos en el marco de la emergencia de una pandemia como la actual, se cuestione una modalidad educativa que ya tiene sus bien ganados créditos en el mundo académico, educativo, social y necesariamente hasta político, porque improvisada y emergentemente se optó por ella de manera generalizada para tratar de resolver el problema educativo en el tiempo de la misma.
Para lograr los resultados de la educación a distancia y virtual, la planificación curricular y su mediación son entrañablemente diferentes a los de la educación presencial, pero ante todo existe algo de profundísima relevancia como es la docencia, tutoría en la modalidad, que tiene que ser clara y definitivamente educativa, en valiosa y dignificativa dimensión humana y psicopedagógica y no simplemente instrumental o técnica como quizás muchos esperarían, dada la avanzada tecnología, sobre todo comunicacional, que hoy tiene a su disposición.
La pandemia del coronavirus o técnicamente Covid-19 que estamos afrontando llegó inesperadamente y de improviso, como corresponde a su naturaleza y, desde luego, su aparición no dio lugar ni para una exigente planificación, que es tan perentoria en dicha educación, por una parte y, dentro de ella, por la otra, para la formación o capacitación de los docentes o tutores, que es también bastante exigente, en la necesidad que de ella se creaba a la educación en el marco de su uso como posible respuesta en el tiempo de la pandemia..
Ante estas dos posibles falencias no podía esperarse, por un lado, una gran eficiencia de los educadores a quienes hay que reconocer no obstante su esfuerzo y su capacidad creativa y, por el otro, que los alumnos también como aquellos provenientes de la educación y la cultura presencial, se congraciaran y se adaptaran rápidamente como por arte de magia a la modalidad. A aquellos en cierta forma, por la presión de la emergencia, hubo necesidad de improvisarlos, lo cual no desconocemos ni objetamos,
Aceptar y acomodarse a la educación a distancia y virtual para alguien que nació como docente o alumno en la educación presencial y siempre ha transitado en ella, no es tarea fácil y requiere especial información, actitud, disciplina, autocontrol y esfuerzo, entre otros muy explicables y centrados requerimientos.
Ante este hecho y los mencionados con anterioridad, es imposible y bastante desacertado reclamar en uno o dos meses transcurridos de la pandemia, eficiencia en la educación a distancia y virtual, y esto es hablando de la educación superior, ni qué decir de dicha modalidad aplicada a la educación primaria y secundaria, cuando en especial se sabe que aquella ha sido en todas partes del mundo de naturaleza o esencia andragógica o sea estructurada y destinada principalmente para personas adultas, y ello no es causal, ya que es explicable que los niños -los adolescentes son otro asunto- por sus condiciones de desarrollo psicobiológico requieren indefectiblemente la educaciòn presencial, ya que resulta inapropiado y casi irresponsable, aunque entendemos la opción tenida y pensada de utilizar dicha modalidad educativa como una tabla de salvación que se visualizó en el momento, pedir a los niños disciplina, autocontrol, automotivaciòn, capacidad de análisis, reflexión, organización y otras habilidades que requiere tal modalidad y que inclusive a veces a los mismos adultos se les dificulta, como lo hemos podido comprobar quienes hemos participado, con años de investigación y experiencia, de tal tipo de educación.
La realidad que se ha dado es pedirles o exigirles a los niños actitudes, habilidades y otros comportamientos y valores en su estudio, cuando apenas están en tránsito de formación en ellos, como lo determina su estructura psicobiológica y el temprano desarrollo de sus estructuras neurocognitivas y afectivas, lo cual está de alguna manera definido en los adultos, aunque no siempre con suficiencia, por las limitantes que imponen algunos modelos educativos que se siguen en la formación desde hace tiempo, como el conductismo y otros de fuerte esencia mecanicista y positivista.
A esto hay que sumarle algunas otras deficiencias o limitantes sociales como la dificultad de que muchos de los padres de familia puedan ejercer como maestros o tutores y otra muy grave, para no mencionar algunas más, y que puso en evidencia o al desnudo por una parte la pandemia y, por la otra, la misma educación a distancia y virtual, hablo de la carencia de conectividad para algunas poblaciones rurales y otras que viven en la pobreza, que pueden permitirse tener medios indispensables y apropiados para poder aplicar la educación a distancia y virtual, como son las computadores y los móviles telefónicos,
Ante el anterior panorama, muy suscinto por lo demás, mal se puede pedir a la educación a distancia y virtual lo que dicha modalidad educativa no puede dar en las condiciones por las que se optó para responder con la educación en la pandemia y, menos aún, intentar calificarla de insuficiente cuando se han sobrepasado por la urgencia de superar un problema, todas las exigencias o requerimientos que la misma exige para su adecuado y eficiente funcionamiento.
*Exasesor de la Unesco.
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