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En política, las elecciones son un proceso de toma de decisiones, los electores son los que eligen con su voto, en las democracias modernas, los candidatos o partidos políticos preferidos para que actúen como representantes en el gobierno. Podemos apreciar un proceso en el que lo electoral ha ocupado una parte muy importante del espacio de lo político, dando lugar a que en muchos países los comicios sean, para la mayoría de los ciudadanos, la forma privilegiada de relaciones con la política.
En Estados Unidos, en noviembre elegirán al nuevo o viejo mandatario. Se votará por uno de dos binomios presidenciales propuestos por sus dos partidos. En el lado republicano, actual presidente y con interés de repetir, Donald Trump, y por el lado demócrata, Joe Biden. Del primero es bien conocido su historial, sobre el segundo, tal vez es más visto como quien fuera vicepresidente con Barack Obama. De Biden dicen muchas cosas que deja pensando a los de línea democrática, por ejemplo, no es socialista, pero sí está envejecido y, por tanto, no tendrá el vigor para oponerse a los socialistas del partido, también se dice que, si es elegido como presidente en noviembre, quien gobernará será la vicepresidenta Kamala Harris, y los comentarios siguen como leer un libro de cuentos.
Hay un refrán que dice: “Cada pueblo tiene el Gobierno que se merece”. A medida que se acercan las elecciones presidenciales, en algunos medios escritos aparece un comentario sobre socialismo: “Sorprendentemente, después de causar estragos en las naciones de todo el mundo, el Partido Demócrata ha adoptado el socialismo como una de sus ideologías guía. A los 77 años, Joe Biden es solo una figura que se utiliza para atraer a los votantes más moderados, mientras la verdad es que el Partido ha sido secuestrado por un grupo de socialistas radicales autoproclamados, como Bernie Sanders y Alexandria Ocasio-Cortez. Aunque estos políticos de ideas socialistas pueden prometer crear una sociedad más igualitaria y justa para todos, en realidad, sus políticas solo conducirán a un resultado posible: la destrucción de cualquier nación que toquen”. Pues bien, algunos jóvenes universitarios ya perciben que gran parte de los discursos de Biden lo están empujando a la izquierda.
Un detalle muy importante, de la compañera de fórmula de Biden, la senadora Kamala Harris, su currículo dice: una abogada, funcionaria, exfiscal, política estadounidense y miembro del Partido Demócrata. Todo muy bien, pero la verdad esta candidata a la vicepresidencia no tiene raíces de negra afroamericana. Qué historia podría ella contarle a sus hijos y nietos sobre el sufrimiento de los negros en los tiempos de la esclavitud, los duros momentos en los campos de tabaco, algodón y arroz, qué sabe del cautiverio, abusos y brutalidad de hace 400 años, por qué la discriminación racial y demás tratos inhumanos. Todavía le falta mucho sentir lo que realmente sintieron los antepasados. Y si Biden quería una afroamericana de fórmula, en EE.UU. hay muchas bien preparadas y con verdaderas raíces de su pasado.
Cabe señalar que, en agosto de 1965, el presidente Lyndon B. Johnson sancionó la Ley de Derecho al Voto. Es una ley histórica dentro de la legislación estadounidense ya que prohibió las prácticas discriminatorias en el derecho al voto a los habitantes afroamericanos en los Estados Unidos. Otro detalle interesante: un número récord de 32 millones de latinos puede votar en las elecciones presidenciales en EE.UU. en el 2020, este dato convierte a los hispanos en la minoría étnica o racial con más peso en la contienda electoral, por encima de los afroestadounidenses. Pues bien, algunas voces opinan que los demócratas se llevarán el voto hispano por las leyes migratorias de Trump contra los latinos. De hecho, Kamala Harris, una abanderada de la ideología progre, si está para cazar votos negros sin sopesar los votos latinos, y, por otro lado, piensa implementar las políticas socialistas, entonces ya podemos entonar esa frase: Dios salve América.