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Las políticas públicas son las respuestas que el Estado pretende ofrecer a las demandas de la sociedad, traducidas en forma de normas, programas de acción, parámetros, proyectos y gestiones administrativas para satisfacer necesidades y muchas veces para acallar el reclamo público.
Las políticas públicas pueden ser favorables o desfavorables, dependiendo del sector dominante en el impulso y aprobación de estas, cada sector procurará allegar medidas que potencien su desarrollo y debiliten a los sectores adversos.
El cooperativismo tiene interés en impulsar acciones para generar cambio social. Sin embargo, una baja percepción estratégica le lleva muchas veces a no considerar la importancia de la incidencia, pasando por alto sus propias propuestas, aceptando las de la competencia o las de políticos interesados y dejándose convencer por falsos espejismos en aras de generar simpatías no vinculadas con estrategias afines a su fortaleza o peso específico en sus sociedades y comunidades.
Por tales razones, el cooperativismo permanece ausente de la agenda política y muchas veces se automargina de los procesos económicos, sociales, sociológicos y culturales.
El entorno actual se desenvuelve en medio de contradicciones en cuanto a los procesos de globalización, de apertura comercial, integración e interdependencia, algunos de los cuales se complementan y otros se contraponen. Lo importante es aceptar que esos procesos determinan y condicionan la acción futura, y en el caso del cooperativismo su perspectiva y prospectiva por el desarrollo sostenible económico y social.
Pero en el mercado neoliberal que soportamos confrontamos el síndrome de mercancía que nos lleva a una mutación de valores y a polos contradictorios, situación en que el cooperativismo no pocas veces se encuentra en el medio y sin estrategias claras ni definitivas.
Es ahí donde las cooperativas dudan sobre cuál es su terreno, sin poder resolver el llamado problema de “agencia”, lo que les crea a lo interno conflictos de intereses producto de la falta de claridad conceptual, cuando lo que se requiere son acciones estratégicas concertadas para aprovechar sus oportunidades y afrontar sus desafíos.
Sin embargo, el cooperativismo tiene mucho que ofrecer a sus sociedades, gobiernos, instituciones y partidos políticos. Tiene mucho que decir sobre el tipo de país que queremos, sobre la generación del desarrollo y bienestar general y la organización de la vida pública. Puede contribuir a la cohesión social, las garantías laborales y a la estabilidad regional y nacional.
Las cooperativas constituyen un fuerte grupo de interés, a las que se recurre cuando el gobierno necesita recursos o procura utilizarlas para apaciguar el desasosiego social. Demuestran su capacidad en la formulación de opciones. Son una alternativa a la privatización lucrativa y para propiciar verdaderas alianzas público-privadas. Son agentes de estabilización económica. Intentan conciliar los intereses sociales y los intereses individuales. Pueden ser un valioso aliado estratégico para implantar programas exitosos por su experiencia acumulada y su raigambre en lo local. También las vemos como posible mediador entre lo público y lo privado, entre el Estado y el mercado, entre la sociedad civil y las restantes fuerzas vivas.
Para el logro de sus objetivos en cuanto a políticas públicas, un nuevo cooperativismo tiene que visibilizarse, tiene que potenciar su rol político y social, tiene que proyectarse como escuela de participación y democracia, tiene que estar presente en la discusión de los grandes temas nacionales, regionales e internacionales. Tiene que replantearse su aproximación a la Administración Pública, comprender el juego del poder, contar con una nueva visión modernizadora y saber construir política pública genuina afín con la democracia social y la justicia social, como parte de su estrategia de desarrollo.
*Director Ejecutivo CCC-CA