Plantón por la democracia: Necesitamos cambios muy grandes, pero bien hechos

Opinión

Gran Fondo Guanacaste

Miguel Ángel Rodríguez

Expresidente de la República

El jueves participé en el plantón por la democracia. No fui para defender privilegios ni para decir que todo funciona bien. No fui contra nadie. Fui en favor de Costa Rica.

Debemos defender la independencia del Poder Judicial y también exigir cambios grandes y urgentes en la justicia. 

Miles de comentarios respecto al plantón en redes muestran un país dividido. Unos vieron una concentración cívica. Otros, una reunión de privilegiados que protege un Poder Judicial lento y favorable a los ricos.

No debemos responder con desprecio. Hay razones para estar inconformes. Un juicio que tarda años puede arruinar a una familia o cerrar un pequeño negocio. Una víctima sin respuesta se siente abandonada. Cuando un delincuente queda libre por errores o plazos vencidos, la gente pierde confianza. Una persona inocente sometida a un juicio interminable sufre una pena grave e inmerecida. Y quien puede pagar varios abogados suele defenderse mejor.

Pero al mismo tiempo si un poder judicial se debilita, si los jueces y magistrados pierden independencia perdemos todos. 

Molesta con razón, los privilegios injustificados y los casos de corrupción que se anuncian con gran despliegue al inicio de su investigación y luego tardan años sin que se presente una acusación y más años sin que se celebre un juicio. Negarlo sería tapar el sol con un dedo.

Nada permite concluir que todo el Poder Judicial sea corrupto y exista para proteger a los ricos. Esa acusación condena por igual a la inmensa mayoría de los miles de jueces, fiscales, investigadores, defensores públicos y empleados honestos que cumplen su deber.

Además, destruir la independencia judicial no perjudicaría primero a los poderosos. Ellos casi siempre encuentran cómo protegerse. Quien más necesita jueces independientes es el trabajador despedido injustamente; la mujer agredida; la persona adulta mayor que reclama su pensión; la familia a la que quieren quitar su casa; el pequeño empresario frente a una gran compañía; el ciudadano acusado sin pruebas, el enfermo que requiere un amparo para que se le atienda pronto en la CCSS y no dentro de tres años. La justicia independiente es, sobre todo, la defensa de quien tiene menos poder.

La principal reforma es atacar la mora judicial. Las investigaciones de la Fiscalía deben tener plazos efectivos. La audiencia preliminar debe impedir que lleguen a juicio acusaciones sin posibilidad seria de condena, y el acusado debe poder apelar la apertura a juicio, así como la Fiscalía apela un sobreseimiento. Los juicios deben tener plazos máximos para su terminación. Deben eliminarse días gastados leyendo acusaciones o incorporando pruebas ya admitidas. Debe pasarse a notarios los casos ordinarios de cobro de deudas no cumplidas, y liberar con ello jueces para otras jurisdicciones.

También debemos proteger la vida y la familia de los jueces amenazados por bandas que ofrecen “plomo o plata”, y mejorar la protección ciudadana frente a delincuentes reincidentes. Todo esto exige mejor gestión, metas y rendición de cuentas.

Cambiar solo la forma de elegir magistrados o sustituir funcionarios capaces por personas leales a un partido no resolverá la mora ni dará más justicia al pobre.

Quien gana una elección debe gobernar e impulsar sus reformas, pero el voto no entrega poder sin límites. Los controles evitan abusos.

No ganamos nada dividiendo a Costa Rica entre un pueblo bueno y unas instituciones enemigas. Tampoco ayuda llamar ignorantes a quienes apoyan al Gobierno o corruptos a quienes participaron en el plantón.

El mensaje del plantón no debe ser “dejemos todo como está”. Debe ser: cambiemos mucho, cambiemos pronto y cambiemos bien. Construyamos una justicia más rápida, cercana, transparente y pareja para todos, sin destruir su independencia.

El mensaje del plantón debe ser no antagonizar sino unir, no desacreditar sino proponer reformas concretas. No imponer soluciones si no construir acuerdos.

Actuemos como muchas veces lo hicieron nuestros abuelos previendo los problemas y uniéndose para acordar y ejecutar soluciones.

Por eso participé. No estoy contra nadie. Estoy en favor de una Costa Rica donde el pobre y el rico reciban el mismo trato, el delincuente sea castigado, el inocente protegido, el poder tenga límites y las instituciones rindan cuentas. Donde los Poderes del Estado se respeten entre sí. 

Esa es la reforma que necesitamos: grande, urgente y bien hecha.