
“Yo tengo una empresita pequeña de cerdos y nadie nos quiere comprar, y nos dicen que si es que nos compraran pagarían el kilo a ¢950 en canal (carne fresca). Es una situación difícil porque uno tiene que cuidar a los animales todos los días, si nadie nos pone atención, si no nos ayudan, o nos apoyan un poco para sobrevivir, no sé qué haremos nosotros”.
Esta es la situación de Freddy Mena, un pequeño porcicultor de Pérez Zeledón, pero no es el único.
Luis Román, secretario general de la Unión de Productores Independientes y Actividades (Upiav), manifestó que el sector la está pasando realmente mal y necesitan ayuda.
Otro de los productores afectados es José Francisco Calderón, quien afirmó que no entiende cómo ahora les ofrecen comprar el kilo en ¢900 cuando antes les pagaban hasta ¢1.400, mientras en las carnicerías y supermercados se vende hasta en ¢2.800 o ¢3.000 el kilo al consumidor.
Esta situación comenzaron a sentirla desde marzo, pero se ha venido acrecentando. Es el peor precio desde el año 2007.
Patricia Rojas, directora ejecutiva de la Cámara de Porcicultores, indicó que ya mandó una carta al Ministerio de Economía, Industria y Comercio (MEIC) para que haga una investigación.
Hay tres situaciones que podrían ser las causantes de esta situación, la caída en la demanda de casi un 30% de la carne de cerdo, producto de cierre de restaurantes, hoteles y comercios, combinado con un menor precio pagado por grandes industrias y la importación. Sin embargo, la baja no ha llegado a sentirse en el consumidor.
La importación de carne de cerdo ha bajado entre los más pequeños, pero los más grandes siguen trayendo las mismas cantidades, explicó Rojas. La mayor parte del mercado se abastece con producción local.
“La situación es muy preocupante porque al productor nacional, ni siquiera se le paga el precio de importación que ronda los ¢1.900 el kilo. Está muy por debajo de eso”, comentó.
Un problema adicional son los grandes productores que se han traído abajo a los mas pequeños, pues estos últimos quedan en la incertidumbre, a veces les compran y otras no. En caso de querer vender el animal vivo, pierden hasta ¢18 mil por cerdo, según externaron.
En Costa Rica, 4.000 familias viven de la porcicultura y es por eso que están pidiendo a la ministra de Economía, Industria y Comercio, Victoria Hernández, que agilice un estudio sobre márgenes de comercialización para que el mercado encuentre un poco de orden.
“El MEIC debe velar por el libre mercado, le rogamos interceder por nosotros para que haya un precio justo”, solicita Rojas en la misiva.