
Los datos más recientes del Organismo de Investigación Judicial (OIJ) sobre víctimas colaterales confirman que, pese a una ligera reducción respecto al 2024, Costa Rica mantiene cifras preocupantes de personas ajenas al crimen que mueren sin estar vinculadas a los hechos violentos.
Uno de los elementos que llama la atención es que, en el caso de las mujeres, el número de víctimas ya supera lo registrado en el mismo periodo del año anterior.
Al 3 de diciembre de 2025, se contabilizan 19 mujeres y 61 hombres fallecidos como daño colateral. En 2024, las cifras fueron de 18 mujeres y 65 hombres.
Aunque la disminución en hombres es mínima, refleja que la violencia continúa afectando directamente a personas que no formaban parte de los conflictos criminales.
Para el especialista en estupefacientes y crimen organizado, Adrián Quesada, este comportamiento evidencia la expansión del riesgo dentro de la dinámica delictiva actual.
Explica que los hombres mantienen una mayor proporción de víctimas colaterales debido a su exposición en espacios donde ocurren disputas entre grupos criminales o ataques armados.
Quesada advierte que la criminalidad contemporánea no solo es más letal, sino que ha ampliado su alcance, lo que incrementa la posibilidad de que personas sin relación con los hechos resulten heridas o fallecidas en medio de enfrentamientos, ajustes de cuentas o balaceras en zonas públicas.
Las estadísticas del OIJ muestran variaciones por provincia, edad y tipo de arma, pero todas coinciden en un punto: la circulación de armas de fuego y las disputas territoriales entre estructuras del narcotráfico continúan siendo los principales motores de los homicidios y de los daños colaterales.
Aunque el país registra una reducción marginal en estas muertes, la cifra acumulada evidencia que la población general sigue expuesta a un entorno de alta violencia, donde cualquier persona puede convertirse en víctima sin formar parte de las dinámicas criminales.