Perfil criminal femenino cambia y desafía al sistema penitenciario

Expertos alertan sobre modificación en los patrones delictivos

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El perfil de la delincuencia femenina en Costa Rica está cambiando. Las mujeres ya no se limitan a delitos tradicionales según analizan expertos en la materia.

Hoy, cada vez más participan activamente en robos, tráfico de drogas y hechos violentos. La violencia dejó de ser territorio masculino.

“La delincuencia femenina siempre estuvo asociada a delitos donde predominaba el engaño, la manipulación o la inteligencia. Pero hoy se ve una participación más directa en delitos donde media la violencia, como el sicariato o el robo agravado”, explicó Bernal Vargas Prendas, abogado y criminólogo.

Esta situación se evidencia en la sobrepoblación en la principal cárcel de mujeres según analizan expertos en el tema.

Según Vargas, el fenómeno tiene raíces profundas en la cultura, los cambios de rol social y las dinámicas del crimen organizado. “El hombre era visto como el proveedor, y el rol femenino tradicional no incluía el uso de la violencia física para obtener ingresos. Hoy eso ha cambiado”, señala.

De cómplices a líderes criminales

El cambio en los patrones delictivos también se observa en la estructura de las organizaciones criminales. Algunas mujeres ya no actúan como colaboradoras secundarias, sino que lideran rutas de distribución o cumplen funciones estratégicas. “Hay detenciones donde vemos mujeres en puestos de mando. Se están empoderando dentro de las estructuras, no solo como ejecutoras, sino como organizadoras”, añade Vargas.

El vínculo afectivo sigue siendo una de las principales puertas de entrada al delito. Muchas mujeres, especialmente jefas de hogar, se ven presionadas por sus parejas, hijos o hermanos privados de libertad para introducir droga a los centros penales.

“La ley reconoce que en algunos casos hay coacción o amenaza, pero no siempre se aplica. A veces esa colaboración es voluntaria, buscando respaldo económico o estabilidad emocional”, advirtió Gerardo Castaing, exdirector del Organismo de Investigación Judicial (OIJ).

Castaing señala que muchas jóvenes buscan independencia económica rápida y ven en el narcotráfico una salida. “Se unen a sujetos que manejan dinero ilícito y entran en la dinámica criminal. Es un fenómeno emocional y social”.

Una sobrepoblación que crece sin respuesta

El Centro de Atención Integral Vilma Curling, principal cárcel de mujeres en San José, supera en más de un 6 % su capacidad instalada, según datos recientes. A esto se suma la presencia de mujeres extranjeras y el escaso crecimiento en infraestructura. “Las cárceles no han crecido al ritmo de la población penitenciaria femenina. Siguen con estructuras de hace años, mientras aumenta la cantidad de mujeres condenadas”, afirma Vargas.

Ante esta problemática, este medio consultó al Ministerio de Justicia y Paz, que reconoció que el sistema penitenciario enfrenta desafíos estructurales debido al crecimiento sostenido de la población privada de libertad, y anunció medidas orientadas a reforzar el control, la seguridad y el respeto de los derechos humanos en los centros penales. El Ministerio advirtió que la inacción frente al hacinamiento penitenciario abre espacio al control criminal dentro de los centros de reclusión, y reiteró su compromiso con medidas sostenibles, tanto operativas como normativas, que contribuyan al orden, la legalidad y la paz social.