“Pecho de Rata” seguía dirigiendo sus fincas desde la cárcel

Según intervenciones telefónicas del expediente de caso “Riverside”

Los Mapaches se miden a Escorpiones.

A pesar de encontrarse privado de libertad, Edwin López Vega, alias “Pecho de Rata”, continuaba dirigiendo la administración de sus fincas, el manejo de cientos de cabezas de ganado y la reorganización de su patrimonio mediante instrucciones impartidas por teléfono a sus familiares, según revela un informe de la investigación del caso “Riverside”.

Las comunicaciones intervenidas por el Organismo de Investigación Judicial (OIJ) muestran que el presunto líder criminal seguía tomando decisiones sobre la venta de ganado, el pago de gastos asociados a propiedades, el funcionamiento de fincas y la distribución de recursos económicos, funciones que, según los investigadores, posteriormente fueron delegadas principalmente a sus hijos, ambos de apellidos López Tyndall.


El OIJ contabilizó más de 200 cabezas.

Uno de los pasajes analizados por la policía judicial evidencia que López Vega ordenó llevar reses a subasta para obtener liquidez. 

En una de las conversaciones instruye: “lleve a la subasta machos para que pague los vidrios de Jardel”, una referencia que, de acuerdo con el informe, coincide con la existencia de una vivienda de lujo vinculada a su hijo.

Para los investigadores, esa conversación refuerza la hipótesis de que parte del dinero obtenido mediante la comercialización de ganado era utilizado para financiar y mantener propiedades de alto valor pertenecientes al núcleo familiar.

Venta gradual del ganado

Las escuchas también reflejan la preocupación del extraditado por la situación financiera de las propiedades tras su captura.

“No se pueden mantener todas esas fincas ya hay que cerrarlas, que lleve lo de la subasta poco a poco lo del Guayabo”, afirma en otra conversación.

Según el análisis policial, esta instrucción revela que las actividades ganaderas no eran autosuficientes y dependían del flujo constante de dinero que controlaba la organización.

Además, el hecho de ordenar que el ganado fuera vendido “poco a poco” es interpretado por los investigadores como una estrategia para evitar llamar la atención sobre la verdadera magnitud del patrimonio ganadero administrado por la estructura familiar. Otra frase incluida en las escuchas, “hay que ir quitando gente”, hace presumir la existencia de personal contratado para operar y mantener las fincas, lo que, según el OIJ, evidencia una estructura económica de gran tamaño.