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La noche del viernes 13 de mayo transcurría normal para Erick Newball, de 34 años, pero horas más tarde, una bala puso punto final a su historia.
Este limonense de nacimiento y alajueliteño por adopción, salió junto con cuatro personas más en “La Patrulla Nocturna” a llevar a cabo una labor que ya conocían. Tenían tres años de darles de comer a indigentes en distintos barrios de San José.
“Hace cuatro años que Erick estaba con nosotros. Su mamá se comunicó conmigo porque yo tenía un programa en radio y me contó que su hijo había sido indigente, había estado en la cárcel y que quería reformarse. Ella lo trajo a la iglesia y desde ese día, no se fue más de aquí”, relató Alvin Picado, pastor de la congregación Visión de Dios, donde Newball pertenecía.
La misión de los fieles ese día inició en Alajuelita, donde dieron de comer y evangelizaron a quienes encontraban a su paso.
Posteriormente, se dirigieron a Sagrada Familia y visitaron a la gente que se apuesta debajo del puente ubicado en ese sector. Según Picado, siempre lo hacían, conversaban con ellos y no se iban sin hacer una oración.
No obstante, eso no era lo único que Newball, quien tenía antecedentes por robo y venta de droga, hacía en la iglesia. Luego del cambio que hubo en su vida, se dedicó casi por entero a servir al prójimo y a su congregación.
“Él participaba en los cultos, estaba en todas las casas de oración de la iglesia, estaba en el grupo de evangelismo acá en esta zona y siempre salía con ellos. También predicaba en los buses y para introducirse, decía: \’se me llenó el culto\’, si el bus iba lleno”, declaró Picado.
El último recorrido de Newball con sus compañeros continuó. Ya estaban a punto de devolverse, pero como aún les quedaba comida, decidieron desviarse de Hatillo a la cuesta de Barrio Cuba, donde hallaron una mujer sola en una acera.
“Ellos no frecuentaban mucho ese sector, cuando vieron a la muchacha, se bajaron del carro y le dijeron: \’¿Nos permite?, queremos darle una palabra y orar por usted\’, pero ella cruzó la calle porque la llamaron de la acera de en frente. No dijo nada, ni a la gente de en frente ni a los nuestros (iglesia) y cuando los muchachos se subieron al carro, alguien, que suponemos que estaba cuidando a la mujer, comenzó a disparar y le dio el balazo en la cabeza a mi muchacho”, recordó el pastor.
Según las autoridades de Cruz Roja que atendieron el hecho, este tuvo lugar aproximadamente a las 10 de la noche.
Para los miembros del grupo religioso, la única explicación que tiene este incidente es que la femenina podía estar vendiendo droga y que, los sujetos de en frente, al ver que la rodearon cuatro personas, pensaron que le iban a hacer daño.
Posterior al suceso, en la congregación comenzaron a contactar a la familia de Newball en Limón para traerla a San José, al entierro que tuvo lugar ayer.
En la iglesia, ubicada en un terreno de 10 mil metros cuadrados, se hicieron presentes tres menores (16, 14 y 12 años) para dar el último adiós a su padre, gran cantidad de parientes que vinieron en microbuses desde el Caribe que vio nacer a Newball y los feligreses, que él mismo adoptó como su nueva familia.
“Él llegó a un punto que le dijo a la mamá que se iba a venir para Alajuelita porque aquí había encontrado un pilar y la fuerza para seguir adelante. Él me abrazaba al final de cada culto y me decía: \’yo a usted lo amo, usted es mi padre espiritual\’”, comentó Picado.
Tras el entierro, en la iglesia recuerdan a Newball como “uno de los miembros más apasionados del grupo”. “Se nos cayó un guerrero, un soldado, él es un mártir de la fe porque murió haciendo lo que más le gustaba, servir”, agregó el líder religioso. Mientras las autoridades judiciales investigan el hecho, en la agrupación se consolarán recordando a aquel hombre caribeño que salió adelante, cambió su vida e impregnaba sus raíces en todo lo que hacía. Hasta cuando saludaba con su particular: “¡Dios le bendiga, amao!”.