
La reciente detención de dos mujeres sospechosas de dedicarse a la venta de drogas en Paso Ancho volvió a llamar la atención sobre la participación femenina en actividades delictivas, un fenómeno que, según expertos, se ha vuelto más visible en los últimos años, aunque continúa siendo significativamente menor que la participación masculina.
De acuerdo con datos suministrados por el Ministerio de Justicia y Paz a Grupo Extra, actualmente hay 935 mujeres privadas de libertad en Costa Rica. De ellas, 549 cumplen una sentencia y 386 permanecen bajo alguna medida cautelar.
Aunque la cifra representa apenas cerca del 5% de la población penitenciaria nacional, especialistas consideran que el papel de las mujeres dentro de estructuras criminales ha evolucionado y hoy resulta más evidente para la opinión pública.
El criminólogo Bernal Vargas explicó que históricamente la delincuencia femenina ha tenido características distintas a la masculina.
“El comportamiento delictivo femenino presenta diferencias importantes. Generalmente, las mujeres participan en delitos patrimoniales, estafas o actividades relacionadas con drogas, mientras que los hombres predominan en delitos violentos como homicidios y robos”, señaló.
Según el especialista, la proporción entre hombres y mujeres privadas de libertad se ha mantenido relativamente estable a lo largo de los años. Actualmente, por cada mujer recluida existen aproximadamente 19 hombres en prisión.
Por su parte, el exviceministro de Seguridad Walter Navarro calificó como preocupante que más de 900 mujeres se encuentren involucradas en procesos penales o cumpliendo condenas.
“Esto debe llevarnos a una profunda reflexión sobre las causas que están detrás de estos casos y sobre la necesidad de fortalecer el apoyo institucional a las mujeres”, indicó.
Navarro considera que entidades como el Instituto Nacional de las Mujeres (Inamu), el Instituto Mixto de Ayuda Social (IMAS), el Instituto Nacional de Aprendizaje (INA) y el Patronato Nacional de la Infancia (PANI) pueden desempeñar un papel clave en la prevención mediante programas de capacitación, apoyo económico y acompañamiento familiar.
Desde la perspectiva psicológica, la criminóloga Eyling Jaenz Donaire advirtió que el impacto de la delincuencia femenina suele extenderse más allá de la persona procesada.
“Cuando una mujer ingresa al sistema penitenciario, las consecuencias alcanzan a sus hijos y a su núcleo familiar, ya que muchas de ellas son figuras primarias de cuidado”, explicó.
La especialista añadió que el aumento de la visibilidad no necesariamente implica una mayor violencia por parte de las mujeres, sino una participación más activa en espacios que antes estaban dominados por hombres dentro de ciertas estructuras criminales.
Entre los factores asociados a este fenómeno mencionó la vulnerabilidad económica, la dependencia emocional, la presión de pareja y la necesidad de generar recursos para sostener a sus familias. No obstante, también señaló que algunas mujeres asumen roles de liderazgo y toma de decisiones dentro de organizaciones delictivas.
El caso más reciente ocurrió en Paso Ancho, donde agentes de la Policía de Control de Drogas allanaron una vivienda y detuvieron a dos mujeres de apellidos Arias y Mora, sospechosas de dedicarse a la venta y distribución de drogas. Durante el operativo se decomisaron dosis de crack y marihuana listas para la comercialización.
Los expertos, coincidieron en que más allá de los casos policiales, el fenómeno obliga a analizar las condiciones sociales, económicas y familiares que pueden influir en la participación de mujeres en actividades ilícitas y a fortalecer las estrategias preventivas dirigidas a esta población.



