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Belén, Cisjordania. (EFE) – El papa Francisco se saltó de nuevo el guión oficial y descendió del coche en la ciudad palestina de Belén para rezar en silencio y observar con detenimiento el muro de separación levantado por Israel, que aísla este territorio.
De camino a la plaza del pesebre, donde ofició misa, el Pontífice pidió al chofer que conducía el automóvil descubierto que se detuviera, y a pie se acercó para ver los grafitos allí dibujados contra la ocupación de las tierras palestinas, para júbilo de los fieles que se hallaban en el camino.
El Papa oró en silencio durante cinco minutos, después acercó la cabeza y tocó con su frente el muro, sin pronunciar una sola palabra, pero en un “gesto simbólico”, explicó Federico Lombardi, portavoz del Vaticano.
“Este gesto ha sido para demostrar su participación en el sufrimiento de esta tierra, pero lo hizo de manera silenciosa, orando como un símbolo del problema, de la visión que hay en esta tierra”, manifestó Lombardi.
Francisco se reunió en la sede de la gobernación con Mahmud Abas, presidente de la Autoridad Nacional Palestina, y pronunció un discurso en el que calificó de inaceptable el conflicto entre palestinos e israelíes, por eso apeló al derecho de ambos estados a vivir en paz y seguridad.
Conocido como el muro del apartheid por los palestinos y barrera de seguridad para los israelíes, su trazado se prolonga a lo largo de centenares de kilómetros. En julio de 2004 la Corte Internacional de Justicia lo declaró ilegal y ordenó a Israel su demolición.