
A pocos meses de las elecciones nacionales, los ticos se caracterizan por respaldar la democracia, pero en su mayoría están desenganchados de la política, lo que genera “condiciones adversas para la competencia electoral”, revela el Informe Estado de la Nación 2017.
Una de las raíces del problema es que no exista una filiación partidaria, como lo señalan los estudios de opinión.
“La campaña 2017-2018 ocurre en un entorno que se caracteriza por débiles vínculos entre ciudadanos y partidos, un fuerte desalineamiento electoral que ‘desengancha’ a amplios territorios de la participación en los comicios, la persistente insatisfacción con las instituciones democráticas y mayor incidencia de la volatilidad y el ‘quiebre” del voto’”, detalla el Informe.
El estudio concluye que la población se siente muy alejada de las agrupaciones, fenómeno contario a lo que ocurría hace dos décadas. Según los investigadores, el punto de quiebre tuvo lugar en 2000, cuando se afectó el bipartidismo por escándalos de corrupción que salpicaron a expresidentes de la República.
“En 1993, un año antes de los comicios, los partidos Liberación Nacional y Unidad Social Cristiana de manera agregada atraían a un promedio del 94% de las personas consultadas. Un 4% no se inclinaba por ninguna agrupación y un 2% manifestó su simpatía por un partido distinto (…) Entre 1993 y 2001 solo un 19% de los entrevistados, en promedio, indició que no simpatizaba con ningún partido político”, indica el estudio.
Resalta que aunque surgieron nuevas fuerzas políticas que han atraído una porción de la población, “otra porción significativa se alejó de la política”, y entre 2004 y 2010 el 41% de los ticos refiere que no simpatiza con alguna agrupación política”.
PAÍS POLÍTICO Y VOLÁTIL
Como parte del efecto de la apatía, agrega el Informe que las agrupaciones se enfrentan a un país político, más pequeño que el territorial. Es decir, la población que sí tiene participación electoral se centra en zonas. Por ejemplo, en las elecciones de 2014 se centró en tres áreas: Valle Central, los cantones de Hojancha y Nandayure -Guanacaste- y el norte del país, que se centra en San Carlos.
Además se caracterizan por ser volátiles en su apoyo electoral y por ejecutar el quiebre del voto.
“Personas que en una campaña apoyaron a un partido político, en procesos posteriores cambien de opinión y deciden respaldar a otro. Una elevada volatilidad puede generar que el partido que ganó una elección con una extensa base de votantes pierda la siguiente con una fuerte reducción de sus apoyos (…)
Los votantes que apoyan a una agrupación en la papeleta presidencial, pero no en la nómina para la elección de diputados. Este patrón se denomina quiebre del voto.
Cuando la porción de electores que actúan de esta forma es alta genera una fragmentación que impide al partido que controla el Poder Ejecutivo contar con una fracción parlamentaria amplia, que facilite la aprobación de sus iniciativas en el Congreso”, señala el Informe.
Pese al descontento, los ciudadanos consideran que la solución no es que se eliminen las agrupaciones políticas. Destaca que en el Barómetro de Américas de 2016 el 72% considera que los partidos son básicos para la democracia y el 62% no respalda la idea de que dejen de existir. Lo que solicitan es una mejora en su calidad.