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En el año 2015 los hombres fueron víctima de más del 78% de los accidentes fatales ocurridos en el país y cerca del 85% de los suicidios fueron consumados por varones. En este periodo, en el 9% de los nacimientos no se declaró al padre, la edad media de inicio de consumo de alcohol en hombres fue alrededor de los 16 años y en los casos de violencia doméstica, los hombres eran los presuntos agresores en el 80% de los casos.
Estos datos dan cuenta de un problema en la construcción que la sociedad ha hecho de la forma de ser hombre. Esto que conocemos como masculinidad, se ha desarrollado como un proceso de socialización donde tradicionalmente encontramos profundamente arraigada la violencia, contra mujeres, contra otros hombres y contra sí mismo. Esta masculinidad tradicional que desde la infancia se adiestra en frases como: “Los niños no lloran” u “hombre es el que trabaja”, no hace más que enajenar a los hombres y a quienes los rodean, y limitar el pleno ejercicio de sus derechos fundamentales.
Un hombre que no se permite el disfrute de su paternidad, negándose y negándole afecto, besos y abrazos a sus hijos e hijas. Otro hombre que pone en riesgo su vida conduciendo de forma temeraria o bajo los efectos del alcohol. Además, el que descuida su salud negándose a utilizar condón o ir a una consulta médica. También aquel que piensa acabar con su vida y la de su pareja cuando su relación se terminó porque pensaba que ella le pertenecía y quiso controlarla.
Estas son todas tristes historias, pero, quizás lo más lamentable es que todos y todas conocemos al menos a alguien con una historia similar a la de alguno de estos hombres. Modificar esta forma primitiva de ser hombres resulta imperativo como sociedad para ponerle fin a muchas de estas tragedias.
Dicha modificación debe irse perfilando mediante el fomento de masculinidades positivas, es decir, aquellas que privilegian la equidad de género, la cultura de paz, el respeto a la diversidad, el ejercicio responsable de la sexualidad y el cuidado a sí mismo.
En el marco del Día Internacional del Hombre, desde la Asociación Demográfica Costarricense, hacemos un llamado a las instituciones del Estado, a las organizaciones de la sociedad civil y a cada persona, para tomar acciones. La creación y puesta en práctica de políticas públicas, así como el trabajo con hombres desde un enfoque de género; son algunas de las acciones necesarias para lograr el cambio deseado. Sin embargo, estas acciones por sí solas resultan insuficientes si no se acompañan de la revisión y cuestionamiento que cada hombre haga de su propia masculinidad, convirtiéndose en actores y autores de su propio cambio.
*Miembro de Junta Directiva de la Asociación Demográfica Costarricense.