Origen y propósitos comunes de la OEA y la Casa Amarilla

Para nuestros políticos y sindicalistas rosados y rojos, los gringos son unos S.O.B. Podríamos adecentar la traducción diciendo que los consideran unos “hijos de mala madre”. Pero la historia contradice ese errado concepto. Pongo un ejemplo desde el tratamiento de los trabajadores: Henry Ford estableció un salario mínimo digno y una jornada limitada de trabajo para sus empleados, lo que fue una novedad en el año 1908. Esto fue antes de la muerte de los mártires de Chicago Sacco y Vanzetti. En cuanto a la sensibilidad social de los americanos, que se llamaron a sí mismos como tales, no por discriminar a los demás pobladores de las Américas, sino para diferenciarse del Imperio Británico, y dar la idea de sus Padres Fundadores de que ya no eran parte de Inglaterra.

Para nuestros políticos y sindicalistas rosados y rojos, los gringos son unos S.O.B. Podríamos adecentar la traducción diciendo que los consideran unos “hijos de mala madre”.

Pero la historia contradice ese errado concepto. Pongo un ejemplo desde el tratamiento de los trabajadores: Henry Ford estableció un salario mínimo digno y una jornada limitada de trabajo para sus empleados, lo que fue una novedad en el año 1908. Esto fue antes de la muerte de los mártires de Chicago Sacco y Vanzetti.

En cuanto a la sensibilidad social de los americanos, que se llamaron a sí mismos como tales, no por discriminar a los demás pobladores de las Américas, sino para diferenciarse del Imperio Británico, y dar la idea de sus Padres Fundadores de que ya no eran parte de Inglaterra.

Este término, americanos, ha sido criticado porque no se conoce el origen de la denominación, y muchos se rasgan las vestiduras sin haber leído una página histórica de su origen, así como existen gringos tenebrosos y diabólicos, como en muchas etnias, su gran mayoría son personas religiosas, piadosas y solidarias. No todos son Donald Joseph Trump.

Uno de los personajes recordados por su fortuna, pero olvidados por sus obras a favor de la unión y la paz entre los países americanos, es el millonario Andrew Carnegie. Él fue uno de los millonarios nacidos en Escocia, pero que hizo de los Estados Unidos su propia patria, a la vez que construyó una gran fortuna basada en el uso del acero, en una época que esta mezcla de metales sustituyó al cemento y el concreto en la realización de grandes obras, como ferrocarriles, puentes y edificios.

Pero su plata no la guardó. Uno de sus principales intereses fue la unión y colaboración con los países de América, y luego de la aprobación del Congreso de Paz y Amistad, del 20 de diciembre de 1907, se propone dotar a estos países de medios para lograr la integración y el entendimiento.

Así fue como adquirió una gran propiedad entre las avenidas Constitution e Independence, frente a la mismísima Casa Blanca, para fundar y construir, con una jugosa donación de su dinero, la llamada Casa de las Américas, que después devino en la Unión Panamericana, y ahora es conocida como la Organización de Estados Americanos. Otros países americanos pusieron sus fondos para construir ese edificio, que bien se puede catalogar como un palacio, al lado del edificio de las Daughters of de Revolution, (Hijas de la Revolución) y el Edificio de la Cruz Roja Internacional.

Su edificio evoca las construcciones españolas, y ciñen su frontispicio un águila calva y un cóndor, para dejar claro que se trataba de una construcción que honraba dos continentes.

Pero el destino de su fortuna no se limitó a construir ese palacio interamericano. También se preocupó de las naciones centroamericanas, unidas bajo una Federación, y financió la Corte Centroamericana, que originalmente se llamó la Corte de Cartago, pero ahora es el Ministerio de Relaciones Exteriores de Costa Rica.

En 1907, Nicaragua denunció la Convención del 20 de diciembre de 1907, se desarmó lo centroamericano de la Corte y nos apropiamos, sin desearlo, del edificio similar a la OEA, y en pequeño, de la ahora llamada Casa Amarilla, que se construyó con el aporte de cien mil dólares del personaje de repetida cita Andrew Carnegie.

Es así como se establece un vínculo imborrable entre las ideas de convivencia pacífica, de resolución de conflictos por la vía pacífica, entre el visionario Andrew Carnegie, la construcción y donación del palacio de la Organización de Estados Americanos y el palacete del Ministerio de Relaciones Exteriores. Ambos edificios situados en las propiedades más valiosas del Distrito de Columbia, Washington, y nuestra ciudad capital.

La historia no puede ser olvidada, y sirvan estas letras para rendir homenaje a un gringo que se preocupó de la unión de los países de América, y, en particular, de los países centroamericanos.

 

*Exdelegado alterno de Costa Rica ante la OEA