
Si hay un tema en que los costarricenses están de acuerdo es en que el Organismo de Investigación Judicial (OIJ) debe fortalecerse en lugar de debilitarse.
No por nada el trabajo de Randall Zúñiga, director de la institución, es hoy uno de los mejor evaluados. Sin embargo, del otro lado del cuadro vemos que cada vez más funcionarios deciden abandonar la institución.
Si bien el proyecto de Ley 24.191 pudiera no tener todos los ingredientes para generar una solución, es importante extraer lo que sea relevante para aportar en la discusión.
Más de 300 funcionarios se han ido del OIJ en los últimos seis años y esto es grave, especialmente por el momento que atraviesa el país y ante el incremento en los índices de criminalidad.
No podemos cerrar los ojos al debilitamiento de la institución. Si se debe mejorar la propuesta, hagámoslo, pero no sepultemos del todo la reforma.
No cabe ninguna duda de que el OIJ actualmente juega un rol estratégico y debemos estar alertas de cualquier intención que busque ir en su menoscabo.
Puede ser que la Ley de Empleo Público esté produciendo algunas confusiones y ahuyentado al personal. Es por eso que se requiere enviar un mensaje fuerte y contundente en relación con su efecto en materia salarial.
El Ministerio de Planificación y Política Económica (Mideplán) nos dice que esto es una responsabilidad del Poder Judicial y a estas alturas ya deberíamos saber cómo quedó el tema de los salarios globales.
Ahora más que nunca, los empleados judiciales deberían tener salarios competitivos, para no dejarse tentar por los grupos de narcotráfico, que sin duda son capaces de pagar mucho más que el Estado.
No es un secreto que los antisociales buscan a agentes o exagentes judiciales para ofrecerles puestos en sus estructuras. Esto es un riesgo que no podemos perder de vista.
Compartimos con Mideplán que el Poder Judicial puede fortalecer la carrera judicial, analizando su estructura de puestos, y si es necesario crear nuevas tipologías que fomenten el crecimiento del personal judicial y de las remuneraciones que reciben.
No nos durmamos en los laureles. El tener agentes satisfechos con su trabajo y bien remunerados es indispensable. Esa es nuestra principal carta contra el crimen organizado.