
El Organismo de Investigación Judicial (OIJ) expuso cuáles son las zonas del país donde se concentra la mayor cantidad de homicidios y explicó que detrás de esta violencia predominan las disputas entre grupos criminales por el control del narcomenudeo y los territorios.
Durante el programa radial OIJ a su servicio, jefaturas policiales de San José, Limón, Cartago y Puntarenas analizaron el comportamiento de este delito y detallaron que las llamadas “zonas calientes” corresponden a sectores donde históricamente se reportan más asesinatos.
Joshua Guevara, analista criminal de la Sección de Homicidios, señaló que en lo que va de 2026 se contabilizaban 208 homicidios a nivel nacional, de los cuales 67 ocurrieron en la provincia de San José, la cifra más alta del país.
Dentro de esa provincia, el centro de la capital es el que concentra más casos, especialmente en sectores como Pavas, San Sebastián, Hatillo y otros distritos del casco central. También figuran Desamparados y Alajuelita entre los cantones con mayor incidencia.
Según explicó Guevara, en 2025 el cantón central de San José cerró con 141 homicidios, seguido de Alajuelita con 44 y Desamparados con 28. Para este año, San Sebastián encabeza la lista de distritos con más asesinatos, seguido por Hatillo y Pavas.
Manuel Castro, oficial de la Sección de Homicidios, atribuyó esta situación a las pugnas entre organizaciones criminales dedicadas al narcomenudeo.
“Lo que nos permite identificar este fenómeno criminal es que en estas zonas existen pugnas por organizaciones criminales, muy enfocadas en el tema del narcomenudeo o el tráfico de drogas. Son rivalidades en las que el método que utilizan, por lo general, es la violencia”, explicó.
El funcionario añadió que estos enfrentamientos se traducen en tentativas de homicidio y asesinatos consumados, como una forma de demostrar poder y controlar territorios.
En Cartago, el jefe regional Román Marchena reconoció un aumento que calificó como inusual para esa provincia. Indicó que allí se detectó una pugna entre grupos locales y estructuras que intentan expandirse desde otros puntos del país, principalmente desde San José y Limón.
Marchena sostuvo que el deterioro de la violencia hizo que el homicidio se convierta en una salida cada vez más frecuente para resolver conflictos vinculados con droga, dinero o disputas territoriales.
“Antes se esperaba que un homicidio fuera por una situación importante. Ahora pueden darse por cosas muy pequeñas, por un territorio, por una falta de respeto o por no pagar ¢10 mil de droga”, manifestó.
En el caso de Limón, Daniel Araya, jefe de la unidad de la delegación regional, explicó que, aunque esa provincia sigue entre las más golpeadas, este año registraba nueve homicidios menos que en el mismo periodo de 2025.
Detalló que en esa zona los asesinatos se concentran en el casco central, en barrios como Cieneguita, Los Cocos, Limoncito, Pacuare y sectores cercanos, donde pequeños grupos emergentes intentan tomar el control tras la captura de cabecillas históricos.
Araya indicó que la detención de figuras relevantes del crimen organizado provocó una fragmentación de estructuras, lo que dio paso a células más pequeñas que hoy se disputan los territorios.
En Puntarenas, Jorge Vallejo, jefe de unidad de la delegación regional, afirmó que también reportan una reducción en los homicidios, aunque persisten focos de violencia en sectores como Fray Casiano y Barranca, donde existen disputas de vieja data entre organizaciones.
Según expuso, una de las variaciones recientes es el mayor uso de motocicletas y vehículos para cometer asesinatos, cuando antes era más común que los ataques se ejecutaran a pie o incluso en bicicleta debido a la cercanía entre los puntos de conflicto.
El OIJ también advirtió que la mayoría de las víctimas son hombres jóvenes. De acuerdo con el análisis expuesto en el programa, cerca del 90% de las personas asesinadas son hombres y una alta proporción tiene entre 18 y 29 años.
Además, se indicó que alrededor del 70% de los homicidios en el país responde a ajustes de cuentas, mientras que el resto obedece a riñas, femicidios u homicidios cometidos durante otros delitos.
Las autoridades señalaron que otro aspecto preocupante es la cantidad de víctimas colaterales, es decir, personas que mueren sin ser el objetivo directo del ataque.