Fecha de publicación:
Fecha de modificación:
Costa Rica no necesita otro departamento en el Ministerio de Educación Pública (MEP), lo que necesita es un sistema que funcione.
La propuesta presentada por esa cartera dentro de su Plan de Trabajo Prioritario Estratégico, para crear un nuevo ente nacional de evaluación educativa externo, encargado de revisar exámenes de bachillerato y ejecutar procesos de macroevaluación, suena sofisticada en el papel, pero choca contra el muro de la realidad fiscal y estructural del país.
El nuevo organismo tendría la responsabilidad de aplicar y corregir las Pruebas Nacionales Estandarizadas u otros instrumentos definidos por el MEP, con el argumento de fortalecer una política educativa basada en evidencia, que trascienda cambios de gobierno. Pero seamos claros: esta propuesta podría terminar siendo una más de las tantas oficinas que engrosan el aparato estatal sin resolver el problema de fondo.
“ El país necesita resultados, no más oficinas. Necesita escuelas de primer nivel, no ranchos improvisados “
¿De verdad hace falta otro ente dentro del mismo ministerio más grande y burocrático del país? ¿Es sensato, en medio de una crisis fiscal permanente, proponer un nuevo gasto en vez de mejorar con lo que ya existe? El propio ministro de Hacienda ha sido tajante: no hay plata. Y tiene razón.
Mientras se discute la posibilidad de crear un “organismo técnico, especializado e independiente”, lo cierto es que miles de estudiantes reciben clases en condiciones indignas.
Al inicio del curso lectivo 2024, el propio MEP reconoció que 849 centros educativos arrastraban órdenes sanitarias. Esto quiere decir que hay escuelas sin baños adecuados, con techos que se caen, aulas que no existen, y profesores que deben improvisar salones en gimnasios o comedores.
Es en esas carencias donde el país debería enfocar sus recursos. El Estado no puede continuar ensanchando instituciones cuando lo esencial está desatendido. No es razonable seguir invirtiendo en “estructuras técnicas” cuando muchos estudiantes caminan kilómetros para llegar a escuelas sin pupitres, sin conectividad o con paredes agrietadas. La revisión de exámenes, por importante que sea, ya tiene un cuerpo técnico dentro del MEP encargado de ello. Lo que se requiere no es crear más oficinas, sino garantizar que las que ya existen funcionen con rigor, transparencia y eficiencia.
Si el sistema actual presenta fallas, el deber del Ministerio no es inventar un nuevo ente, sino corregir el curso de las unidades responsables, fiscalizarlas y fortalecer su formación profesional.
Además, no hay claridad sobre cuánto costaría este nuevo organismo, qué personal requeriría, ni cómo se garantizaría su independencia. Hablar de “viabilidad legal y presupuestaria” en abstracto no resuelve los vacíos que tiene el sistema educativo en zonas rurales, en territorios indígenas o en comunidades costeras, donde muchos niños todavía aprenden bajo toldos o en aulas móviles.
Hay que recordar que Costa Rica ya destina una de las proporciones más altas del PIB a la educación pública en América Latina. Sin embargo, ese esfuerzo no siempre se traduce en mejores condiciones ni en mayor rendimiento académico. ¿Qué sentido tiene seguir inflando la maquinaria administrativa, si no se priorizan los problemas de infraestructura, capacitación docente y permanencia estudiantil?
El país necesita resultados, no más oficinas. Necesita escuelas en pie, no estructuras abstractas. Necesita inversión en lo esencial, no teorías educativas sin ejecución real.
Si la revisión de exámenes puede fortalecerse dentro del marco actual del MEP, adelante. Pero si para eso se requiere abrir otro departamento, entonces es un error.
El ministro de Educación haría bien en caminar por las aulas deterioradas, en escuchar a los docentes que levantan a diario la educación costarricense con las uñas, y en revisar los informes de las 849 instituciones que aún esperan una solución digna. Ahí están las prioridades. No en una oficina más.